Arte, cultura, los gallos y su gente

Texto Porfirio García Romano

Los indígenas de la Nicaragua antigua vivían en una admirable comunión con la naturaleza. Las aves y otros animales, eran parte de sus representaciones y expresiones en cantos, piedras, corteza, bailes y hasta sus propios cuerpos. Del territorio de Nicaragua, el cronista de Indias, Gonzalo Fernández de Oviedo, apuntaba: “Algunos llevaban máscaras de gestos de aves, e iban pintados todos y con muchos y hermoso penachos y calzas y jubones muy abigarrados y de diversas labores y colores e iban desnudos, porque calzas y jubones que digo eran pintados, y tan naturales, que ninguno lo juzgara sino por tan bien vestidos…” 1

La comunión entre el humano y el animal de nuestras culturas antecesoras, es compartida en diversas culturas y épocas en el mundo. Incluido nuestro tiempo, esta comunión es propia de nuestras expresiones estéticas populares, y no falta en los ámbitos artísticos de relevancia. En Nicaragua, el antiguo medio de dibujos acanalados sobre piedra, llamados petroglifos, abundaba en figuras zoomorfas. Las formas y contenidos de directa integración con la naturaleza, en las galerías contemporáneas, no son una excepción.

Entre los animales el gallo, cotidiano antiguo compañero, habitante de fincas, haciendas y granjas, de patios y traspatios, animal cargado de símbolos y significados desde nuestras culturas anteriores, ha sido un sempiterno visitante mágico de nuestra pupila; lleno de dinámicas plumas y colores brillantes ha sido referencia de tactos y sonoros cantos, material especial, objeto de la sensibilidad y expresión de diferentes manifestaciones artísticas.

Acerca del uso del gallo como objeto y símbolo, en materia de religión, existen referencias desde antes de la instauración del cristianismo, en remotas culturas, que por su antigüedad dieron al mundo, la escritura, el registro de los primeros hechos y los antecedentes de las religiones; en el II y I milenio, a. C.; en la religión zoroástrica, el gallo es el «adelantado» de la luz, por lo que se le coloca en lo más alto del cielo.

El gallo como protector, como ser mágico que anuncia, implica un uso para el sacrificio, un uso simbólico, en algunos lugares de Latinoamérica, cuando se iba a vivir a una casa nueva, era habitual el inmolar un gallo, con cuya sangre se regaban, las estancias que iban a habitar, las personas y los animales para invocar la protección sobre ellas.

El gallo es el primer ser de la casa que anuncia la llegada del día. Considerado por ello el poseedor de la `ciencia’ del tiempo. Con su canto indica el ritmo de la duración, lo que le convierte en el equivalente del movimiento de sucesión de los días y las noches en muchos pueblos africanos. El sacrificio del gallo se convierte para el africano en el acto por el cual el hombre se inserta en el corazón mismo del universo.

En el Walagallo (Danza de gallos) la población garífuna en la región caribe de nicaragüense nos encontramos con un ritual ancestral, vivo. En una especie de liturgia planteada para la recuperación de la salud de un enfermo, se incluye el acto de sacrificio, la muerte del gallo. La sangre del mismo tiene varios propósitos, uno de ellos el de servir como medio mágico de comunicación de los humanos con los poderes curativos de la tierra.

La sangre del gallo en tierra permite la expulsión de los malos espíritus. Esta danza hace su entrada por la mañana, iniciando el Walagallo, en una danza que a propósito, se hace al salir el sol. Otro objetivo de esta danza, donde se interrelaciona el nacimiento, la cura, la reparación y la muerte, es realizar un sacrificio de expiación mediante la sangre. Con la sangre del gallo se reparan simbólicamente los pecados del enfermo.

El rol del gallo en las creencias populares es intenso. En el libro de Job, de la Biblia, en el Antiguo Testamento, el gallo es puesto muy en alto. Job: 38:36, “ ¿Quién puso en el ibis la sabiduría? ¿Quién dio al gallo inteligencia? En el nuevo testamento el gallo es símbolo de vigilancia y también el emblema de Pedro quien negó a Jesús tres veces… Juan 18:27 “Pedro volvió a negar, y al instante cantó un gallo.”

Por tradición y fe, en Chichigalpa, Nicaragua, en cada Jueves Santo durante el periodo de la Semana Mayor, sale por las calles un acto multitudinario, la “Procesión del silencio”. En ella, una imagen escultórica de Jesús, vendado, coronado de espinas y con sus manos atadas a una caña, va siguiendo otra imagen escultórica, la del apóstol Pedro, una talla cargada en peana, representando una persona severa, con el seño fruncido, llaves en mano y a sus pies: un gallo vivo. Aludiendo el gallo, que según las escrituras, le cantó a Pedro antes de negar a Jesús tres veces.

 El nombre del gallo, también resuena en la misa de Navidad, celebrada a la media noche, esta vigilia del advenimiento del Mesías para la humanidad en la creencia cristiana, tomó el término Misa del Gallo. Esto, debido a que los antiguos romanos denominaban el Canto del Gallo al comienzo del día, es decir a la media noche. Esta costumbre se dio a partir del siglo V d. C con Sixto III, quién se dice introdujo en Roma la costumbre de celebrar una misa en Navidad, a medianoche, “en seguida de cantar el gallo”.

Otras referencias del origen del gallo como símbolo religioso, se enmarca en la conquista de los santos lugares. Corroes II, rey de la monarquía sasánida, reconocido como «rey de reyes», tenía el gallo dorado como su emblema personal, como rey de Persia. Pues él, en sus guerras de reconquista, ordenó que «todas las cruces que remataban los lugares asociados a Cristo, fueran sustituidas por gallos dorados».

En el mundo cristiano, relacionado con su canto al amanecer, el gallo es anunciador de la resurrección, y por ello adquiere un carácter de defensa frente al diablo. Siendo el emblema de San Pedro, el gallo es uno de los grandes símbolos del cristianismo (uno de los tres animales emblema de Cristo, junto con el águila y el cordero), pasando a representar principalmente la supremacía de lo espiritual sobre lo material.

En ese sentido la figura del gallo, se llegó a emplazarla en los campanarios, como éstos ya se adornaban con una veleta, hubo de situarse el “gallo” en el punto más alto; encima mismo de éstas. El Papa León IV,  habría mandado a colocar la imagen de un gallo, en la Antigua Basílica de San Pedro. Lugar especial donde el gallo también representaría la vigilancia del clero sobre el pueblo.

Vale la pena mencionar el gallo veleta de la colegiata de San Isidoro, en León, España, considerada la más antigua, y procedente probablemente, de la Persia sasánida. En ese sentido, el Islamismo, por referencia a los seguidores de Zaratustra, asume posteriormente el concepto del gallo, como un símbolo a ponerse en lo más alto del cielo. Su canto aparece en los las narraciones, relatos, relaciones de los hechos y máximas del viaje de Mahoma (580-632)», al mundo de ultratumba.


Pelea de gallos en Madrid, grabado publicado en el semanario “Harper”, en septiembre del año 1873.

Un manuscrito del siglo X, representa en una miniatura las dos torres de la abadía de Cluny,Francia, rematadas por sendos gallos; una antigua representación del tapiz de Bayeux (siglo XII) muestra la torre de Westminster con una veleta en forma de gallo. Estas esculturas de gallos, solían ser de cobre cubierto con una capa de oro. En un códice del siglo XII de la catedral de Oeringhen se conserva un poema anónimo que habla del significado de la veleta:

De Dios es el gallo digna criatura/ y él es del presbítero típica figura/sobre el templo el gallo, contra el viento erguido/ alza la cabeza y está prevenido/ así el sacerdote, cuando el diablo venga,/ por su grey pelee y al dragón detenga/ El gallo es el único entre las aves /que oye de los ángeles los conciertos suaves/ y nos amonesta a que mal no hablemos/y que los celestes misterios gustemos.(…) guadamurayeryhoy.blogspot.com/2011/05/vientos-y-veletas.html

La crianza de gallos para pelea se ha considerado un arte desde la antigüedad. Hay indicios de que 3000 años antes de Cristo, era una actividad muy común entre fenicios y hebreos. Las peleas de gallos son una tradición muy antigua. Julio César introdujo las peleas de gallo a Roma. El mismo Hernán Cortés era un apasionado de las peleas de gallo, al punto de haber mejorado y haber hecho proliferar castas.

En la actualidad la pelea de gallos es considerada como un deporte tradicional o afición por algunas personas. La utilización de navajas en las patas del animal con medidas y formas variables suplantando de este modo a su arma natural de pelea, se practica en países como Guatemala, México,  Honduras, Panamá, Perú, República Estados Unidos,   Dominicana, Filipinas y por supuesto Nicaragua.

En la región del Caribe, los gallos forman parte de los rituales religiosos de origen africano. La santería practicada por cubanos, puertorriqueños, dominicanos, panameños, colombianos, venezolanos y brasileños, apunta a un fenómeno cultural de grandes proporciones. El sacrificio de gallos y gallinas negras forma parte de prácticas ancestrales. Relacionados con el clima, los vientos el despertar temprano o a tiempo, el gallo simboliza lo que en verdad llega a ser un “ave fina de combate.

Autores latinoamericanos, como el escritor peruano del siglo XIX, Abraham Valdelomar, narra cuentos sobre gallos de peleas en su libro “El Caballero Carmelo”. Las peleas de gallos quedaron inmortalizadas y están presentes en toda la novela “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez. En México, las peleas de gallos, forman parte de la cultura y tradiciones de la mayoría de los estados, ahí el espectáculo de los gallos, se combina en los palenques con espectáculos musicales, en recintos llamados «palenques». Y en Colombia, destacan las peleas de gallos que se organizan durante el Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar.


Ganador de la pelea de gallos. (1864) Del escultor francés Alexandre Falguière.

El juego de gallos por el honor, la dignidad y la reputación de las personas que lo practican, han inspirado diversos géneros musicales y otros en extensa lista donde destacan corridos, baladas, merengues, cumbias, vallenatos o sentimientos diversos, verdaderas elegías o jocosas y picarescas alegorías, que permanecen en el canto popular desde “Se me murió el gallo tuerto”, hasta “El gallo del polvorete”. En Nicaragua, para mencionar una canción, recordemos la letra de la canción de Carlos Mejía Godoy” Alforja campesina”: “Ennavaja el gallo giro/que a don Casimiro le merqué.”


Gallo (1940) Del pintor catalán Joan Miró.

En las artes plásticas destacan verdaderas obras maestras que ilustran este deporte. Cresta simple, mofletes rojos, ojos rojos o naranjas, piel amarilla, tarsos oliva o amarillos y plumajes dorado asalmonado, azul asalmonado dorado, plateado asalmonado, negro dorado, negro plateado, azul dorado, azul oscuro, azul blanqueado o azul enrojecido peleando o no ilustran importantes pintura. En el siglo XIXPelea de gallos. (1882) Del pintor flamenco Emile Claus Chamel, quién parece emular el retrato de Rembran , la lección de anatomía del Dr. Tulp.

El famoso pintor Jean-Léon Gérôme, nos deja “Jóvenes griegos poniendo unos gallos a la pelea”, 1846 llamado también “Pelea de gallos” donde la acción principal, la pelea, es secundaria debido a la bella exhibición de los cuerpos desnudos. Esta obra y la escultura “Winner of the Cockfight” (el ganador de la pelea de gallos).1870deAlexandre Falguière, ambas en el Musée d’Orsay, son ejemplos notables, de que el tema de la pelea de gallos ha sido importante en el arte.


Pablo Picasso – The Rooster

En el siglo XX Picasso los refiere en una pintura al óleo “El gallo (1943)” y a Joan Miró en su Gallo de 1940), recibe la cotización más alta pagada por una obra del artista catalán. El gallo de oro: novela del escritor mexicano Juan Rulfo escrita en 1958 y publicada en 1980, marca un buen peldaño en la literatura.

Los cubanos tienen muchas pinturas con el tema de los gallos, Mariano Rodríguez (1912 – 1990) pintor cubano  caracterizó por pintar solamente gallos, en un estilo entre corte surrealista y fauvista. En Nicaragua, aparte de mencionar la palabra gallo, todos los días, cuando en el desayuno o en la cena pedimos el típico plato de arroz y frijoles combinados, el “Gallo pinto”, también tenemos un pintor que tomó el tema de los gallos como su referencia.

Este pintor es José Miguel Flores Antón (1968- 2010), quien en sus pinturas tradujo la gallardía, el talante, el brillo y lo sobresaliente del gallo nicaragüense en colores, luces y movimiento. El gallo está en nuestras artes y está integrado a nuestra cultura y ánimos. Es así que en un día cualquiera podemos leer El cuento del gallo de oro, un poema de Aleksandr Pushkin publicado en 1835, o ir a la ópera a deleitarnos con El gallo de oro (1907) con música de Nikolái Rimski-Kórsakov basado en el mismo poema o quedarnos en casa meditando sobre las letras del poema del nicaragüense Luis Alberto Cabrales  (1901-1974):

“Desolado Canto”: Un gallo canta en el fondo de la noche: / lejano canta e íngrimo. / Cantó a Pedro en el Santo Evangelio / y en coros cantó al Cid / en la madrugada del Romancero. / Pasó Pedro, pasó el Cid, / ¡y yo he de pasar también, Dios mío! / Y sólo queda el canto de los gallos, / el desolado canto íngrimo.

Imagen Principal: Jóvenes griegos presenciando una pelea de gallos (1846) Del pintor francés Jean León Gerome.

Articulo de la Revista Cultural Gente de Gallos, Enero-Febrero 2015