Colección de las Leyes, Decretos y Órdenes de Costa Rica en los años 1841 y 1842

Decreto sobre Los gallos

Art. 131.– De las galleras.—Estas deben tener un patio circular, cubierto de enrejado, y bajo techo si es posible. En el interior de éste, no se permiten más gallos que los de la pelea, ni más hombres que los dos que ponen la navaja y los juegan; pero al exterior, se amarrarán los gallos a la misma reja. 

Art. 132. Todo lo necesario al servicio de la gallera, será provisto por el director o encargado de ella, a quien le es permitido tener y cuidar, dentro del establecimiento, el número de gallos que quiera apostarlos por sí, o darlos a la saca.

Art. 133. Cualquiera persona hábil para jugar, puede llevar sus propios gallos, y apostarlos o darlos a la saca; pero es prohibido alzar gallo ajeno, quitarlo de la estaca, o ejercer cualquiera otro acto con él sin previo permiso de su dueño. Los contraventores de esta prohibición, pagarán doble el valor del gallo justipreciado por peritos, aplicándose un tanto al dueño de éste, y otro al tesoro municipal: el gallo queda de su dueño.

Art. 134. Es prohibido, sin consentimiento del director o encargado de la gallera, usar otras navajas, asentadores, zapatillas y cuerdas que las del establecimiento, bajo la pena de uno a cinco pesos de multa; pero el dueño del gallo puede escoger entre aquellas las que mejor le agraden. Es también prohibido que otras personas, que las destinadas en el establecimiento, asienten navajas o las amarren; más el dueño respectivo, puede hacer uno y otro, cuando al cazar la pelea pusiere esta condición.—Es igualmente prohibido el uso de navajas de mayor tamaño que dos pulgadas, aunque pueden ser menores.

Art. 135. Los asientos estarán retirados del patio dos varas por lo menos, y colocados en circunferencia, dejando cuatro calles de entrada: entre las lunetas habrá una distancia de cuatro palmos, por lo menos, colocándose estas a manera de graderías. —Es prohibido pasearse o andar, mientras se juega la pelea, debiendo cada persona conservarse en su asiento: las que no lo tengan, ocuparán las espaldas de la última luneta.

Art. 136. Habrá un Juez de gallos nombrado por la autoridad política, a cuyo cargo está el orden interior de la gallera todo el tiempo que dure el juego; presenciar y autorizar los ajustes de pelea, escribiéndolos sucintamente en un libro que debe llevar al efecto; recibir contadas las apuestas, para entregarlas al victorioso; y resolver definitivamente y en el acto las disputas que ocurran entre los jugadores, o por causa de apuesta entre las demás personas; y cuidar, muy eficazmente, la observancia de este reglamento.

Art. 137. Por consiguiente, a la vista del Juez se deben presentar los gallos, hacer los ajustes de pelea, contar el dinero, elegir las navajas, amarrarse éstas, y jugar los gallos.—Él estará muy atento a los lances de la pelea para conceder las pruebas convenientes que pidan las partes, conforme el artículo siguiente.—Al ponerse los gallos en el patio tocará una campanilla, repitiendo el toque cuando se termine la pelea; y en este caso, anunciará en voz alta, ganó el gallo de N; o, es tablas la pelea.—Es prohibido, antes que hable el Juez, que lo haga otra persona.

Art. 138. El gallo que huye alzando pelo, o vulgarmente despichado: el que por herida clava el pico en el suelo; y el que en la pelea queda muerto, son perdidos. —Cuando los dos gallos huyeren a un tiempo, o sin clavar el pico estuvieren incapaces de continuar la pelea, se puede pedir y dar prueba; o cuando los dos, o uno sólo volviere la espalda al otro. Si en la prueba alzan pelo o huyen, es tablas: si el uno quiere y el otro no, pierde éste: si los dos quieren, se resolverá contra el primero, que huyere o muriere, continuando las pruebas pico á pico, hasta que por muerte, huida o que clave el pico uno de ellos, se declare el triunfo del otro; y si los dos murieren a un tiempo, es tablas. La navaja caída o quebrada, da derecho al dueño del gallo o al que lo juega, a pedir que se retire, interponiéndose entre los dos gallos; y entonces, certificándose el Juez, de que la navaja está quebrada o caída, permitirá que se alce el gallo y se le ponga navaja; debiendo seguir la pelea, hasta que se declare por uno de los dos conforme este artículo. Ninguno de los espectadores debe avisar que hay navaja caída o quebrada, bajo la pena de pagar la pelea, o el equivalente en obras públicas. Si el dueño del gallo, o el que lo juega avisare que hay navaja caída o quebrada, y resultare falso el aviso, pierde en el hecho la pelea; y además, es obligado a pagar las apuestas.

Art. 139. El efecto de la pelea ganada es que el dueño del gallo ganador reciba del Juez y haga suya la apuesta: el de la pelea tablas, que los dos recobren su dinero como si no hubiera habido apuesta. — Estas reglas se observarán también en las apuestas que hagan los concurrentes.

Art. 140. Cualquiera que sea el resultado de la pelea, cada uno de los jugadores pagará un real por su gallo al asentista; y del dinero de la apuesta sacará el Juez un real para sí, en cada pelea.

Art. 141. A la puerta principal de la gallera se recibirá la entrada y estará la guardia de respeto. — Este debe cuidar del buen orden en la misma puerta, y cumplir las que el Juez le diere en uso de sus facultades.

Art. 142. Los fallos del Juez sobre las materias expresadas en este tratado, se ejecutarán por el mismo en el acto, sin perjuicio de que la parte agraviada interponga su apelación, también en el acto, para ante la autoridad de policía, siempre que por razón de la cantidad haya lugar al recurso: esta resolverá al día siguiente. Las personas que desobedezcan al Juez, serán penadas con multa de uno a cinco pesos, prisión o arresto de cuatro a veinte días; y darán fianza en el acto, siempre que no exhiban el dinero, o serán conducidas á la cárcel.

Art. 143. Los que promuevan disputas, riñas, u otro desorden, están sujetos a la pena del artículo anterior; y además, no se les admitirá en la gallera, sin fianza de conducta, bajo de doble pena. — Esto se entiende, sin perjuicio de la que merezcan por la riña, si llegare a efectuarse, o por el desorden que promuevan.

Art. 144. Las galleras pueden abrirse en los días de guarda entera, y de funciones cívicas; más no en los de trabajo: las peleas deben empezar a las diez de la mañana en invierno, y a las doce en verano; y durar a lo más, cuatro horas en aquella, y cinco en esta estación.—No les comprende la prohibición de llevar hijos de familia o domésticos, siempre que vayan con sus padres ó amos y no apuesten; pero si, la de admitir personas, que no se sabe de qué viven.