El niquinohomeño Augusto Nicolás Calderón Sandino

Texto de
Mario Tapia
Miembro de la Academia de
Geografìa e Historia de Nicaragua (AGHN).

Un 18 de mayo de 1895, nació en “Villa de la Victoria” ahora Niquinohomo, Augusto Nicolás Calderón Sandino, segundo hijo de doña Margarita Calderón Ruiz, humilde trabajadora agrícola y del mediano caficultor Gregorio Sandino López, ambos del “Valle de los Guerreros”, Niquinohomo.


En esta humilde casa nació y vivió hasta su adolescencia Augusto Nicolás Calderón Sandino.

Nos toca hoy, en GENTE DE GALLOS, ciento veinte y cinco  años después de su nacimiento, y a ochenta y seis años de su asesinato, escribir algo sobre este gran hijo de Nicaragua. A pesar de que su heroica gesta patriótica antimperialista tuvo gran repercusión nacional e internacional, muy pocos nicaragüenses escribieron, hablaron o conocieron la verdad sobre la gesta de Augusto Nicolás Calderón Sandino.

Lo nombran “General de los hombres libres”

Pero, por otro lado, tres grandes de la literatura universal y premios Nóbel le dieron a la lucha de Sandino una dimensión mítica, entre ellos: Pablo Neruda, Gabriela Mistral, de Chile y Miguel Ángel Asturias, de Guatemala. Del periodismo nicaragüense, el que le dio mayor respaldo fue el doctor Salvador Buitrago Díaz, fundador y dueño del Diario “La Tribuna”, en 1917; el resto de la prensa nacional fue tímida, lo adversó y lo denigró; sin embargo, periodistas extranjeros e intelectuales como el norteamericano Carleton Beals, el argentino Manuel Ugarte, el francés Romaind Roland, el hondureño Froylán Turcios y el peruano Raúl Haya de la Torre, todos de fama internacional en su época, lo respaldaron. Cabe decir, que el francés Henry Barbusse, fue quien le comunicó a Sandino que a: “nombre del proletariado y los intelectuales de Francia y Europa, se le nombraba General de los Hombres Libres”.


El general Augusto C. Sandino, en su mula, en San Rafael del Norte, Jinotega.

Fue asesinado el 21 de febrero de 1934, por órdenes del recién ascendido a Mayor General (sin tirar un tiro) y recién nombrado Jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García. El mismo asesino intelectual de Augusto Nicolás, se encargó de mandar a escribir el libro “El verdadero Sandino o Calvario de las Segovias”, para denigrar la hazaña real y la lucha antiimperialista de Augusto Nicolás Calderón Sandino.

Hasta dos décadas después, fue que, en forma fortuita, don Gregorio Selser se encontró con la epopeya y la verdad sobre el héroe de Niquinohomo, mientras investigaba sobre la Revolución de Guatemala de 1954, año en que ésta se encontraba bajo la agresión de mercenarios guatemaltecos al servicio del gobierno de los Estados Unidos. “Para ahondar más el conocimiento de Sandino, la obra de Gregorio Selser sigue siendo la enciclopedia del sandinismo”, señaló en su momento el Profesor Edelberto Torres.

En 1955, un año después del hallazgo, don Gregorio Selser publica, a través de la “Editorial Triángulo”, de Buenos Aires, Argentina, la primera edición de “SANDINO, General de Hombres Libres”, aún incompleta, y que terminó de sacar a luz en 1958, en dos tomos, publicación que se agotó rápidamente. Algunas copias de éstos llegaron a México y por esa vía a Nicaragua. Es así, cómo, a través del libro de Gregorio Selser, Carlos Fonseca Amador, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, conoce aún más la verdadera dimensión del General Sandino.

La infancia de Augusto Nicolas Calderon Sandino y su familia

La infancia de Augusto Nicolás Calderón Sandino, en la Villa de Niquinohomo, según sus propias declaraciones a don José Román en el libro “Maldito País”, fue de marginación, miseria, promiscuidad y pobreza.


El General Augusto Nicolás Calderón Sandino en las montañas de Las Segovias en 1928.

No es extraño saber, que el General Augusto Nicolás Calderón Sandino, Héroe Nacional, haya sido hijo de una relación amorosa fuera de matrimonio, en un país como el nuestro, en donde desde la colonización las mujeres fueron vistas como vientres de reproducción y, sobre todo, la división social que crearon y fomentaron los gobiernos conservadores confesionales de los años treinta, lo que era común y práctica permanente en muchos de los pueblos más conservadores, como Niquinohomo.


Doña Margarita Calderón con sus hijos y nieta. En el orden: Antonio Calderón, Julio Calderón, Carmen Calderón y Manuelita Calderón.

“Abrí los ojos en la miseria y fui creciendo en ella, mientras mi madre cortaba café en las haciendas cercanas”, afirmó más tarde el General Sandino. Era la época en que los trabajadores de las haciendas cafetaleras tenían en sus barracones a los trabajadores como prendas de su propiedad y los mismos no podían trabajar para nadie más que “al patrón” e, incluso, iban a la guerra bajo la bandera del color político del dueño de la propiedad.


Doña América Tiffer y Don Gregorio Sandino, Sócrates y Augusto Nicolás Calderón Sandino.

Margarita Calderón presa junto a su hijo Augusto Nicolas

Era la época en que la Ley permitía reclutar mano de obra para las futuras cosechas cafetaleras con préstamos anticipados, que luego descontaban del “peón”, bajo el amparo legal de la “matrícula o compromiso” adquirido de trabajar para el patrón. 

Fue bajo esas circunstancias y en esa época, que después de pedir dinero adelantado, doña Margarita Calderón Ruiz, fue llevada a la cárcel junto a su pequeño Augusto Nicolás, por haber cometido el “delito” de aceptar trabajar para otro finquero que le pagaría mejor. “Trabajábamos mi madre y yo en una finca del Alcalde del pueblo, siendo mi padre el Juez. Ella había recibido un anticipo de unos pocos pesos, pero como le ofrecieron pagar mejor en otro cafetal, aceptó trabajar allí para pagar más pronto su deuda, pero el señor Alcalde, temeroso de perder su anticipo, dio orden de captura contra ella. Y así, una buena tarde, se aparecieron unos soldados y nos metieron en la cárcel. El disgusto y el maltrato brutal, produjeron a mi madre un aborto que le ocasionó una copiosa hemorragia, casi mortal. Y a mí, solo, me tocó asistirla en aquella prisión antihigiénica del pueblo… ya dormida mi madre, insomne, me acosté a su lado en aquel suelo sanguinolento y pensé en mil atrocidades y venganzas feroces”, le expresó Augusto Nicolás a José Román. Al salir de la cárcel –escribió Román- “Margarita se fue con un hombre a Granada. Su hijo rehusó seguirla, dejándolo al cuidado de su abuela (Martina Ruiz Borge), que también era muy pobre”. 

Hijos ilegítimos y de curas

 Hubo también otros generales y líderes políticos que fueron hijos ilegítimos, que marcaron y cambiaron el rumbo de la historia de Nicaragua, como: Fruto Pérez Chamorro y Emiliano Vargas Chamorro, ambos más tarde reconocidos y legitimados por sus verdaderos padres. Fue una época en que muchos tuvieron la maldición de ser hijos “ilegítimos” o hijos de curas, como el Presidente Fernando Guzmán, pero que al final de cuentas heredaron fortuna, poder político y apellidos. 

Ephraim Squier, en su libro “Nicaragua su Gente y sus paisajes”, señala: “… cerró todas órdenes sacerdotales… prohibió que las mujeres se hiciesen monjas y se apropió de las rentas de los monasterios suprimidos. Esta medida fue ratificada por el congreso general… El gobierno del Estado de Honduras promulgó una ley que, me parece, fue así misma adoptada por los demás Estados. Dicha ley legalizaba el matrimonio de los curas y legitimaba a sus hijos para que pudieran heredar a sus padres.” Fue de esa manera, que muchos hijos y descendientes de los “encomenderos” heredaron y siguieron manteniendo el poder político, religioso y económico en Nicaragua.

A pesar que el propio Gregorio Sandino López, inscribió en el registro local de Niquihonomo el nacimiento de Augusto Nicolás Calderón Sandino, nunca lo “legitimó”. Sin embargo, con su actuación, don Gregorio lo reconoció, de hecho. Fue así cómo el propio Augusto Nicolás, un día de tantos, siendo un niño, lo enfrentó, lo cuestionó y le preguntó en una calle del pueblo cuando apenas tenía once años en 1906, y le dijo: “Soy su hijo… ¿o no?”, a lo cual don Gregorio respondió que sí, era su hijo. La historia dice que desde esa fecha se lo llevó a vivir a su casa, en donde siempre fue marginado por su madrastra, América Tiffer, lo obligaba a comer en la cocina con las empleadas, y lo mudaba con ropa usada.

Seis hijos tuvo doña Margarita Calderón

Doña Margarita Calderón Ruiz, tuvo seis hijos, su primogénito fue Fernando, hijo de Fernando Torres Canelo, originario de Granada; Augusto Nicolás, hijo de Gregorio Sandino López; Manuela, hija de don Luciano García, de San Marcos, hermano de padre y madre de doña Julia García, madre de Anastasio Somoza García; Carmen, cuyo padre no ha sido identificado; Antonio, hijo de don Carlos Alvarado, de Niquinohomo, y Julio César, el menor, quien según publicación de El Nuevo Diario, del día jueves 27 de agosto de 1987, firmada por Abelino Eskorcia Zúñiga, era hijo del destacado político conservador, Carlos Cuadra Pasos.

Fernando, hermano mayor de Augusto Nicolás Calderón Sandino, tuvo varios hijos, uno de ellos, es don Fernando Calderón Villanueva, padre del General retirado Roberto Calderón Meza.

Por parte de padre, Augusto Nicolás Calderón Sandino, tuvo tres hermanos más, Sócrates Sandino, Asunción Sandino, quien tuvo dos hijos con Bismark Alvarado, reconocido diputado somocista, y Zoilamérica Sandino, casada con Teódulo Murillo, padre de Rosario Murillo.

Los nietos del general sandino

Augusto Nicolás Calderón Sandino, tuvo cuatro nietos de su primogénita María Natalia Sánchez, los cuales son Miguel, el nieto mayor; doña Mercedes, Arístides, que murió en 1999 de diabetes en Managua; el abogado Marcos Sánchez Conto, quien vive en Niquinohomo.

Nieto de General Sandino estuvo preso durante la revolución

Arístides Pavón Sánchez, hijo de doña María Natalia Sánchez Sandino (primogénita), y nieto directo del General Augusto C. Sandino, estuvo tres años preso en la Cárcel Modelo de Tipitapa. Arístides había sido condenado a diez años de cárcel, por haber sido telegrafista de confianza de la Casa Presidencial en la época de Somoza Debayle. Según sus hermanos y nietos también del General Sandino, Arístides fue torturado durante su reclusión. Su sentencia fue apelada y su condena se redujo a tres años. Ya en libertad, se fue a vivir a Miami, en donde murió en 1999 afectado por la diabetes. Arístides Pavón Sánchez dejó cinco hijos: Ninoshka, Natalia, Sulidey, Arístides y Richard Pavón. “Tocamos todas las puertas, las de Tomás Borge, Rosario Murillo e incluso las de Blanca Segovia y no se abrieron para ayudarlo”, afirma el doctor Marcos Sánchez, hermano de Arístides y también nieto del General Sandino.

En 1906 comenzó a ir a la escuela

Augusto Nicolás Calderón Sandino, no tuvo la oportunidad de asistir a la escuela en los primeros años de su vida, sino hasta que su padre, don Gregorio Sandino Muñoz, se lo llevó a vivir a su casa cuando comenzó a ir a la escuela y aprender las primeras letras; fue desafortunado en los estudios. Las exigencias de la vida, las necesidades de superación y los primeros amoríos de adolescente, lo obligaron a aprender a leer y escribir, y poder así escribir sus primeras cartas de amor a su prima y primera novia María Soledad Sandino, quien aseguró en una entrevista, que: “Augusto Nicolás en la primera carta que le escribió, le expresa que la mataría o se suicidaría si no lo aceptaba como su novio.” En otra parte de la entrevista, afirma que Augusto Nicolás le dijo: “Flor recién nacida… ¿me permite ser su novio?”

El otro amor de Augusto Nicolas

 En Nicaragua, muy pocas personas sabían que Augusto Nicolás Calderón Sandino, tuvo su primera hija con la señora Mercedes Sánchez, quien era la cocinera de la casa de su padre, en 1915, cuando ella tenía treinta años y él veinte. De esa primera relación amorosa de Sandino, nació la niña María Natalia Sánchez Sandino. En el folio número 33 del Libro de Actas y Matrimonios de Niquinohomo de los años 1928-1933, está el acta de matrimonio de María Natalia Sánchez Sandino y que textualmente dice: “En la parroquia de Niquinohomo, a veintidós días de noviembre de 1933, uní en matrimonio a Arístides Pavón, soltero y albañil, de veinte años de edad, de esta feligresía e hijo ilegítimo de Norberto Pavón, con María Natalia Sánchez, soltera de 17 años de edad, de esta feligresía e hija ilegitima de la Mercedes Sánchez y el famoso guerrillero de Las Segovias, Augusto Calderón Sandino.


Doña María Nathalia Sánchez Sandino, primogénita de Sandino con sus hijos Marcos Sánchez Conto y Aristides Pavón.

Testigos: Don Gregorio Sandino, casado y José Manuel Sandino, soltero, ambos mayores de edad, agricultores y de este domicilio. Hubo consentimiento paterno para la novia. Firma: Presbítero Guillermo Kine.”

Doña Mercedes Sánchez, era hija de doña Rosario Sánchez, campesina originaria de la comarca El Portillo.

Más tarde, durante su lucha antiimperialista en Las Segovias, Sandino se casó con Blanca Aráuz, la telegrafista de San Rafael, con quien procreo una hija de nombre Blanca Segovia. La ex-novia María Soledad, quien lo esperó toda su vida, dijo que: “Augusto Nicolás la traicionó”.


Blanca Aráuz y Sandino.

En la época de la Revolución Liberal de José Santos Zelaya, era obligatorio que los niños fuesen a la escuela. Román afirma en su libro: “corrían como locos cuando veían a uno de esos campesinos de caites, sombrerón, flacos y con rifles larguísimos, a quienes le llamaban policías, pero que más bien parecían perros apaleados.

El maestro Federico García Osorno, describió a Augusto Nicolás, como: “un muchachito callado y apartado”.


María Soledad Sandino, ex novia de Sandino.

Un incidente que marco la vida de Sandino

Haber visto pasar el cadáver del General Benjamín Francisco Zeledón Rodríguez, mutilado y arrastrado por las tropas interventoras el 4 de octubre de 1912, en El Empalme de Niquinohomo, lo marcó para el resto de su vida como patriota a favor de los oprimidos.


Coronel Benjamín Zeledón

Después de derrotar al Coronel Benjamín Zeledón, en las cercanías de la laguna de Tisma a las fuerzas conservadoras al mando del General Frutos Bolaños Chamorro, un 22 de febrero de 1910, Zeledón fue ascendido a General en el mes siguiente por el Presidente de la República doctor José Madriz. El 20 de julio de ese mismo año, fue nombrado Secretario de Guerra y Marina por su capacidad profesional, militar y natural. Al asumir la presidencia provisionalmente el General Juan José Estrada, lo expulsa del territorio mediante un decreto firmado el 16 noviembre de 1910. El ocho de mayo del año siguiente, renuncia Juan José Estrada, y asume la presidencia Adolfo Díaz, con el apoyo de los gringos. Zeledón se había trasladado a vivir y trabajar a Costa Rica, como abogado y notario.

Ya para 1912, el gobierno conservador había consumado la liquidación total del ejército liberal que había construido el General José Santos Zelaya. En julio de 1912, el General Zeledón organiza con oficiales retirados, estudiantes y artesanos la Primera Brigada para enfrentar al gobierno de Adolfo Díaz y a la oligarquía conservadora.


Marines con una bandera del Ejercito Sandinista.

Zeledón conforma un Estado Mayor, que él encabeza, y nombra como segundo al Coronel Marcelo Castañeda; Coronel Tomás Bravo, jefe de Cuadros; Sargento Mayor Enrique Cuadra, Jefe Proveedor del Ejército; Sargento Mayor Zacarías Anduray; Jefe del Cuerpo de Telégrafos; Teniente Coronel Encarnación A. Soriano, Jefe de la Cruz Roja.

Las contradicciones entre Adolfo Díaz y su Ministro de Defensa, Luis Mena, provocó en julio de 1912 la rebelión conocida como “La Guerra de Mena”, que tenía como objetivo sustituir al gobierno. Adolfo Díaz y Emiliano (Vargas) Chamorro, solicitan apoyo a los gringos y llega la intervención norteamericana.

Las tropas de Luís Mena, se unen a Zeledón, y éste asume el mando de todas las tropas con el nombre de “Ejército Aliado”. El 6 de agosto de 1912, Zeledón forma una División y reestructura nuevamente su Estado Mayor, dejando siempre como General de Brigada a Marcelo Castañeda, con las unidades siguientes: Primera Brigada de Infantería, Jefe General de Brigada Carlos Solís López; Segunda Brigada de Infantería, Jefe General de Brigada Ascensión Flores; Primera Brigada de Caballería, Jefe Teniente Coronel Bernardo Chávez; Brigada de Artillería, Jefe General de Brigada Tomas Bravo; Cuerpo de Armeros, Jefe Mayor Ricardo Tapia; Tesorero de Guerra, Sargento Mayor Virgilio Olivares.

El 10 de agosto de 1912, Zeledón dirigió una ofensiva contra las fuerzas conservadoras en Managua, la cual duró tres días, y sus fuerzas no pudieron romper el cerco defensivo y se retiran a Masaya, donde se organizan. Las fuerzas interventoras, bajo el mando del Mayor Smedley Butler, desembarcaron el 14 de agosto en Corinto, mientras otras fuerzas interventoras desembarcaban en Bluefields. Fuerzas liberales se habían alzado y tomado León, Chinandega y otras ciudades de Las Segovias. Los liberales quisieron avanzar hasta Managua y fueron rechazados en La Paz Centro, mientras los marines bajo fuego abrían la ruta del ferrocarril entre Corinto y Granada. El General Luis Mena, se declara enfermo y se rinde, lo cual le permitió a los interventores norteamericanos ocupar los almacenes de armas y municiones, reduciendo a la mínima expresión las acciones militares de las fuerzas de Zeledón. El 4 de septiembre desembarcan en Corinto las fuerzas especiales del Primer   y Segundo Batallón del Primer Regimiento Provisional del Cuerpo de Marines, sumando las tropas más de dos mil hombres, las cuales obligan a atrincherarse a Zeledón y todas sus tropas patriotas.


Tropa especial de 100 hombres armados que resguardarían las Cooperativas Sandinistas, después de la firma del Convenio de Paz. Marzo 1933, Plaza de San Rafael del Norte. El Convenio entre Sacasa y Sandido contemplaba la creación de un departamento en Las Segovias que llevaría el nombre de LUZ Y VERDAD.

El 2 de octubre, mil quinientos hombres avanzaron sobre Masaya y se establecieron en Nindiri, en donde trataron de rendir a Zeledón y su ejército. El conservador y suegro de Zeledón, doctor Jerónimo Ramírez, le suplica que acepte la rendición, al cual respondió: “Señor, no se trata de mi persona, sino de un deber sagrado que tendré que cumplir hasta que muera. Yo no me pertenezco, pues sirvo a mi Patria.” 

Muchas versiones se han publicado a través de los años sobre la muerte de Benjamín Zeledón. Sin embargo, investigaciones en los archivos de los marines en los Estados Unidos, indican que: “el General Zeledón fue capturado por los marines bajo el mando del Mayor Butler, quienes lo torturaron y después lo asesinaron ahorcándolo, luego fue colocado en una carreta para el pueblo contemplara su cuerpo y se atemorizara. De lo anterior, existe constancia documental en un telegrama de Butler, donde informa la captura y pide permiso a su superiores para ahorcarlo, y el telegrama con la respuesta del Coronel Pendelton, donde da la orden que expresa: “Yes, bring horse for me”, (Si, tráigame el caballo). Después se dirigieron al cementerio de Catarina y en su paso por el empalme de Niquinohomo, lo miró Augusto Nicolás Calderón Sandino.

“Personalmente miré el cadáver de Benjamín Zeledón, quien fue sepultado en Catarina, pueblo vecino al mío. La muerte de Zeledón me dio la clave de nuestra situación nacional frente al filibusterismo norteamericano; por esa razón, la guerra en que hemos estado empeñados, la consideramos una continuación de aquella”, expresó Augusto Nicolás Calderón Sandino un 13 de marzo de 1933, en Bocay, Las Segovias.

Otro incidente que lo alejo de Niquinohomo

Desde su adolescencia, Augusto Nicolás se dedicó al comercio de granos básicos. En 1921, tuvo un negocio con otro comerciante de nombre Dagoberto Rivas, quien, más avispado que Augusto, le vendió unos frijoles en mal estado, por lo cual Sandino reclamó la devolución de su dinero. Según la historia oral, Sandino lo amenazó con tirarlo si no le devolvía su dinero. Un 19 de junio de ese mismo año se encontró con Dagoberto Rivas en la puerta principal de la iglesia en el momento que se rezaba el rosario. Sandino lo emplazó otra vez, y en respuesta Dagoberto Rivas lo abofeteó, a lo cual Augusto Nicolás disparó desfundando su revolver 45 que le atravesó el músculo de una de sus piernas. El hecho fue registrado por el diario La Noticia, el viernes 24 de junio de 1921.

Sandino, huyó al pueblo de Catarina desde donde escribió a su padre, quien le respondió que no volviera, pues le espera la cárcel o la muerte. De Catarina, se fue a Masaya y de ahí a Managua. Afirman que un día de tantos regresó una noche a Niquinohomo en busca de su novia Maria Soledad Sandino, pero no la encontró y regresó a Managua. De Managua partió a Bluefields y luego se embarcó hacia La Ceiba, Honduras, en donde trabajó dos años en el Ingenio Montecristo, propiedad de la Honduras Sugar And Destilling C. También se dice que trabajó en la Banana Coconauts Tropical Fruit. Hay quienes aseguran que se fue de Montecristo a Puerto Barrios, Guatemala, después de tener un problema de faldas y otro con un gringo. De Guatemala, después de trabajar en empresas bananeras y madereras norteamericanas, se marchó hacia Tampico, Estado de Tamaulipas, en donde consigue trabajo con la South Pennsylvania Oil Co. En 1925, a sus treinta años, obtuvo un trabajo en la Huasteca Petroleum Co. En la refinería Cerro Azul, Veracruz, como Jefe de Departamento de Venta de Gasolina.

En la Huasteca, Sandino presencia huelgas obreras y variados conflictos, entre los poderosos sindicatos de filosofía “comunista libertaria”, y el gobierno mexicano y los movimientos anarquistas de la época. Todo lo anterior, le encendió su espíritu de lucha y de clase social.

Renuncia de la Huasteca Petroleum Company

El 6 de mayo de 1926, Augusto Nicolás renuncia a su cargo de la Huasteca Petroleum Company, después que supo la noticia a través de la prensa que había un levantamiento en armas de la Costa Atlántica de Nicaragua, encabezados por Bertrán Sandoval en contra de Emiliano Chamorro y Adolfo Díaz, quienes habían usurpado el poder.

El 15 de mayo del mismo año, se dirige a Nicaragua llegando el 1 de junio; ya la rebelión había sido sofocada por Chamorro y Díaz. Sandino visita León, en donde estuvo algunos días, luego se marcha a Las Segovias, y el 26 de octubre de 1926 logra levantarse en armas. “… formé, con la ayuda moral y monetaria de algunos liberales segovianos, una poderosa columna que más tarde llegó a ser la salvación de un seguro fracaso que se le auguraba al resto del Ejército Constitucionalista, que había organizado Juan Bautista Sacasa en Puerto Cabezas, Nicaragua, y que se encontraba sitiado, al mando de José María Moncada Tapia.

“Pues bien, para la verdad histórica y apoyado en documentos firmados por el mismo José María Moncada Tapia, que me fueron dirigidos por él y que conservo en mi poder, pruebo la importancia que tuvo la columna a mis órdenes para colocar a Moncada en un ambiente de prestigio, que le permitió que sólo su voz fuera suficiente para resolver el triunfo o la derrota del Partido Liberal”, expresó Sandino en su momento.

El 4 de mayo de 1927

El triunfo total de las fuerzas liberales sobre las conservadoras de Emiliano Chamorro y Adolfo Díaz, era aplastante, las tropas y mandos de los marines mediatizaban el triunfo declarando a los pueblos y ciudades vencidos o sitiados como “neutrales”. El General José María Moncada Tapia, acuerda con el Jefe de las tropas interventoras norteamericanas Henry Stimpsom el “Pacto del Espino Negro”, en la ciudad de Tipitapa, el 4 de Mayo de 1927, el cual ponía fin a la guerra y obligaba a desarmarse al ejército liberal, a cambio de elecciones libres y supervigiladas y de diez dólares por fusil para cada combatiente.

Augusto Nicolás Calderón Sandino, no acepta dicho “pacto” y ese mismo día se levanta en armas en contra de los interventores norteamericanos y marcha a Las Segovias, con veinte y nueve de sus hombres.

Un 16 de junio de 1927

Un 16 de junio de 1927, el General Sandino ataca la ciudad de Ocotal con sus fuerzas; cables informativos de las agencias norteamericanas informaban al día siguiente de los ataques, uno de ellos expresaba: “Managua, 17 de junio (AP). El general, Feland de las fuerzas norteamericanas, ha confirmado que el general liberal Sandino llevó ayer un ataque a El Ocotal, donde se hallaban estacionados 39 soldados de marinería norteamericanos y un destacamento de guardias civiles… En vista de la expresada situación, se destacaron cinco aeroplanos de bombardeo en socorro de las fuerzas defensoras, pero el mal tiempo que se de- sencadenó impidió la eficaz cooperación de la fuerza aérea, la cual hubo de limitarse a arrojar algunas bombas sobre El Ocotal, regresando en seguida…” Por otro lado, la agencia noticiosa UP, informaba que: “El capitán Hatfield, comandante de una guarnición compuesta por 45 hombres de marinería y 10 guardias, fue atacado ayer por la mañana en Ocotal por las fuerzas del general Sandino. Las tropas de que disponía dicho general, de acuerdo con informes suministrados por el cuerpo de aviación, ascendían a 300 hombres.”

Con ese primer combate de las tropas del general Sandino contra los “gringos” en Ocotal, también la ciudad de Ocotal se convertía en la primera, ciudad en la historia del mundo, en ser bombardeada por la fuerza aérea norteamericana. Menos de dos décadas después, durante la Segunda Guerra Mundial, la misma aviación norteamericana lanzaría las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaky, en Japón.

Desde su inicio, la guerra librada por el general Sandino y su Ejército Defensor de la Soberanía Nacional en contra de la intervención norteamericana fue brutal, centenares y miles de nicaragüenses fueron muertos y mutilados a manos de las fuerzas interventoras. Llegaron haber en el país más de seis mil marines envueltos en la guerra contra Sandino, a lo que sumaban los guardias de la Contabularia y luego de la Guardia Nacional. 

A pesar de la aviación, poder de fuego, mejor entrenamiento, comunicación, alimentación y armamento, las fuerzas norteamericanas no pudieron nunca derrotar al ejército de campesinos descalzos, hambrientos y mal armado del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, del General de los Hombres Libres, Augusto Nicolás Calderón Sandino.

Después de seis años de enfrentamientos con las tropas de Sandino, los marines que ensangrentaban Nicaragua, se marcharon humillados el primero de enero de 1933. Casi inmediatamente, Sandino entra en pláticas de paz con el presidente recién electo, Juan Bautista Sacasa. Sin embargo, los marines norteamericanos ya habían dejado a sus herederos militares en la naciente Guardia Nacional y a su cipayo Anastasio Somoza García, quien recibió como primer nicaragüense el mando de la misma con el grado de General de Brigada. Historiadores afirman que, incluso, el uniforme con que le tomaron la primera foto se lo prestaron los marines.

La guerra no había terminado, las fuerzas del general Sandino eran una realidad y una amenaza para las aspiraciones de Anastasio Somoza García. Ante tal situación, Sacasa buscó cómo negociar directamente con el general Sandino. Mientras tanto, Somoza marginaba y eliminaba a los miembros de la nueva Guardia Nacional de tendencia conservadora y comprometió a otros oficiales para ganar su lealtad.


Última foto del Estado Mayor del E.D.S.N. antes del asesinato del general Sandino en 1934. Presentes Sócrates Sandino, Francisco Estrada, General Augusto Nicolás Calderón Sandino, Coronel Santos López, Juan Pablo Umanzor. Foto Ejército

Sandino queria la paz

Sandino estaba más que consciente de la nueva realidad de Nicaragua y de la correlación de fuerzas, y se dedicó por entero a buscar la construcción de un proceso de paz. Con esa meta, viaja a Managua el 2 de febrero de 1933, y suscribe el Convenio de Paz. El 16 de febrero de 1934, en cumplimiento del Convenio de Paz, Sandino llegó a Managua para arreglar la entrega de las armas, confiando en el honor y la palabra del presidente y de la nueva Guardia Nacional. El 18 de febrero se reunió con el Presidente Sacasa y el general Somoza en Casa Presidencial, y fue invitado a una cena con el presidente el 21 de febrero.


El General Augusto Calderón Sandino y el Presidente Juan Baustista Sacasa, poco después de haber suscrito el Convenio de Paz en Febrero de 1933.

Ese día, a las seis de la tarde, se reunieron en la oficina del Jefe Director de la Guardia Nacional en el Campo de Marte, los siguientes oficiales: general Anastasio Somoza García, general Gustavo Abaunza, coronel Samuel Santos, mayor Alfonso González Cervantes, capitán Lizandro Delgadillo, capitán Francisco Mendieta, capitán Policarpo Gutiérrez, capitán Carlos Tellería, capitán Diego López Roig, teniente Federico Davinson Blanco, teniente José A. López, teniente Ernesto Díaz, teniente Abelardo Cuadra; subteniente Cesar Sánchez, y el civil Camilo González, empleado del Campo de Marte.

En la reunión, el general Somoza expresó: “Los he mandado a citar por ser ustedes oficiales de mi entera confianza, y para someterles a su consideración la solución que debe darse a las dificultades que existen entre la vida del general Sandino y la vida de la Guardia. Yo vengo ahora mismo de la Legación Americana y he presentado al ministro Biss Lane, este mi problema, y él me ha prometido su apoyo incondicional, la actuación de Sandino y la vida pública nicaragüense, tomando en cuenta las últimas declaraciones dadas por él a la prensa, son una prueba evidente de su ambición y esto indica que nosotros, en representación del ejército y por la paz futura de Nicaragua, debemos tomar una resolución contundente pero necesaria.

Abelardo Cuadra, uno de los oficiales de confianza citados a la reunión, años más tarde afirmó que: “Todos señalaron que la única alternativa de solución era matar al general Sandino. El general Somoza escogió para la ejecución directa del crimen a los capitanes Delgadillo y Gutiérrez, y a los tenientes López y Davison, con quienes elaboró detalladamente el plan, que consistió en atacar la casa de don Sofonías Salvatierra y emboscar al general Sandino, después que asistiera a la cena en la Casa Presidencial, Sócrates Sandino en casa de Salvatierra, y al general Sandino junto a los generales Estrada y Umanzor, en un sector del oriente de la Managua de entonces, y en un lugar que aún no se precisa. 

Hoy, ochenta y seis años después, todavía no se sabe, y creemos que nunca se sabrá, en donde fueron depositados sus restos; se especula que su cabeza está en Washington. Pero aunque no se sepa en donde están sus restos, su gesta patriótica, nacionalista y antiimperialista, hoy se conoce en todo el mundo.

Decenas de libros se han escrito sobre su vida y su gesta. Numerosas calles y centros militares tienen su nombre. Sus tácticas militares de guerrilla irregular son hoy estudiadas e implementadas por los más grandes ejércitos del mundo en sus conflictos militares e incluso el ejército norteamericano lo estudia como teoría militar elemental, igual que los rusos, vietnamitas y otros tantos.

Todo lo anterior que periodistas, escritores, poetas e historiadores han escrito y dicho de Augusto Nicolás Calderón Sandino nos demuestra que fue GALLO DE CASTA, que luchó con dignidad, por la independencia, soberanía y respeto del pueblo nicaragüense con la gallardía  y fortaleza que caracteriza a un GALLO FINO.

Augusto Nicolás Calderón Sandino, ha sido usado, manipulado y vilipendiado por sus enemigos. Todos los políticos lo nombran y lo alaban para su propaganda política, pero con su actuar no son ni el remedo de él, o a lo más que llegan es a una caricatura. Dios lo tenga en su reino y la historia lo ponga en su verdadero lugar como patriota que… “no pidió ni un palmo de tierra para su sepultura.”

Fuentes: “SANDINO, General de Hombres Libres”, del maestro Gregorio Selser; Revista Oficial del Ejército de Nicaragua No. 3 y 26; “Maldito País”, de José Román, “La Noticia”, de junio de 1921; Diario La Prensa; El Nuevo Diario; IMPACTO, de febrero de 2006; declaraciones de Abelardo Cuadra y el Diario Barricada, de febrero de 1995. Sandino, del Doctor Alejandro Bolaños Gayer. Nuestro agradecimeiento por su colaboración a Roberto Sánchez;  al Centro de Historia Municipal de Managua y al Ejército de Nicaragua por habernos facilitado fotos de Sandino.