Historia de Nindirí

Monumento al cacique Nindirí
Monumento al cacique Lenderí o Nindirí.

A Mario Fulvio Espinoza in memoriam.

“Helo! Valiente campeón
del cardenista partido,
más viejo que Salomón,
con tal fuerza de razón
Jamás quedará vencido”.

Rubén Darío

Texto de
Mario Tapia
Miembro de la Academia de
Geografìa e Historia de Nicaragua (AGHN).

Fue Lenderí o Nindirí el centro urbano indígena chorotega más importante que encontraron los españoles a su llegada a Nicaragua en 1523. Se estima que vivían en el cacicazgo más de 30,000 aborígenes y todos los pueblos de los alrededores eran tributarios del mismo. Cuando el Obispo Pedro Agustín Morel de Santa Cruz lo visitó en 1751, había solamente 1,657 pobladores. Hoy, 268 años después, su población se tiene 38,355 Habitantes[1].

Nindirí significa en lengua náhuatl “Colinas de Cochinilla”: Nin: cochinilla, dirí: colina, cerro, altura. La población de Nindirí debe haber sido exterminada brutalmente en los primeros años de la conquista (1523 – 1545), pues en 1965, cuatrocientos veinte años después del latrocinio de los españoles apenas había unos tres mil habitantes en todo el municipio.

Su último cacique libre y soberano fue “Nacatime” quien entabló contacto con capitanes españoles, según se estima entre los años 1524 y 1530. El Cacique Nacatime se vio forzado a convertirse a la fe católica para sobrevivir al exterminio de los conquistadores e inquisidores de la iglesia católica. Al bautizarse cambió su nombre indígena por el de Francisco. Hoy de ese primero y poderoso cacique y de su último y valiente Jefe del Consejo de Ancianos, Juan Nacudarí, ya no existe nada o muy poco. Más que cuentos, pues el Comendador Francisco Bobadilla exterminó toda la cultura existente y con rabia hasta los códices, ese fue el fanático inquisidor que borró y quemó toda la historia existente.

Fue el Comendador Francisco Bobadilla el conquistador que más daño le hizo a la historia precolombina de Nicaragua y Nindirí, donde vivió aproximadamente ocho años”, nos expresa don Justo Pastor Ramos, director actual de la Casa de Cultura de la ciudad de Nindirí.

A pesar de los años y el descuido cultural de todos los gobiernos, es en el pueblo de Nindirí en donde se ha encontrado y se sigue encontrando todavía, la mayor evidencia de la gran cultura Azteca, Tolteca y Maya (caso único en Nicaragua, 500 años después).

Hoy en día muchos traficantes de piezas arqueológicas siguen saqueando la zona y venden las piezas a negociantes extranjeros y nacionales, obras de gran valor históricos”. ¡Hay que evitarlo! afirma doña Adilia Membreño de Gutiérrez, heredera del mayor Museo Arqueológico de la ciudad de Nindirí, fundado por su marido ya fallecido don José María Gutiérrez, quien continúa expresando: “A veces me vienen a vender objetos saqueados aquí al Museo y no puedo comprarlos por el alto valor que piden, …Ahí existen 1500 piezas de gran valor histórico para Nicaragua y la cultura americana…”.

Recordada Doña Adilia Menbreño heredera del museo de Nindirí
La recordada Doña Adilia Menbreño heredera del museo de Nindirí.

Nindirí un pueblo privilegiado

El cacicazgo de Nindirí fue posiblemente el mejor ubicado de todos los existentes en Nicaragua, además de sus fértiles tierras de origen volcánico por la presencia del “Volcán Masaya” tenía una laguna riquísima en peces y una vista panorámica hacia la misma en dirección Sur que no tiene nada que envidiar a los paisajes más bello y publicitados del mundo.

Lo anterior, dio origen a numerosos leyendas e inquietudes desde el mismo inicio en que se puso en marcha la conquista de Nicaragua en 1523, producto de la actividad volcánica del Volcán Masaya que es parte de la riqueza cultural y geográfica del municipio de Nindirí.

Nindirí, un rincón del paraíso

El Carmelita Descalzo Antonio Vásquez de Espinoza, que visitó Nicaragua en 1613, en uno de los párrafos de su obra titulada: “Compendió y Descripción de las Indias Occidentales”, expresa: “Cuatro leguas delante de Managua, hacia la ciudad de Granada, está el pueblo de Nindirí, de muchas frutas y regalos; parece un pedazo de paraíso. Hácese en él cantidad de jarcias y lona de algodón para velas a los navíos del Perú. En este pueblo no hay agua, y así bajan por ella a una laguna que tiene junto así muy profunda, que sólo para escribir las cosas de ella y de este distrito habría bien para alargar la pluma”.

Posteriormente, 138 años después el Obispo Pedro Agustín Morel de Santa Cruz, llega a Nindirí y afirma textualmente lo siguiente: “Este es Nindirí o Lindiré, su titular San Pedro, antiguamente fue anexo de Masaya para la administración, hoy la tiene separada y corre a cargo de un clérigo. La iglesia de tres naves con su sacristía reducida sobre horcones de adobes y teja, muy húmeda y maltratada y cementerio de tapa, tres altares con total indecencia, una ermita principiada con el título del Calvario. Doscientos cincuenta y una casa de paja de indios y ladinos, unas pocas están en la plaza, sin orden, las demás entre platanares y árboles, distan tanto entre sí que ocupan un cuarto de legua, llano y montuoso; habítanlas otras tantas familias compuestas de mil seiscientas cincuenta y siete personas de todos colores. Los indios son gobernados por un Alcalde, Alguacil Mayor, dos regidores y Fiscal; y pagan de tributo anual ochocientos diez pesos, y los ladinos están sujetos al juez a prevención de Masaya.

la laguna de masaya  pertenece a 4  municipios del departamento de Masaya ellos son Nandazmo, Masatepe, Nindirí y Masaya
La laguna de Masaya pertenece a 4 municipios del departamento de Masaya ellos son: Nandasmo, Masatepe, Nindirí y Masaya.

La renta del cura a la reserva del servicio personal y ración, monta a cuatrocientos pesos, otro eclesiástico reside en el pueblo, el clima de este es frígido y muy húmedo en tiempo de aguas. Los caminos se trafican con trabajo. El suelo de la iglesia se llena de humedad y ésta sube hasta más de una vara por las paredes, proviene sin duda de la laguna de Masaya, que está muy inmediata, y de donde se proveen de agua a costa de grandes fatigas. El territorio de Oriente a Poniente consta de cuatro leguas y un cuarto, contadas desde el mencionado cerro de Coyotepe hasta el Malpaiz. De Norte a Sur tiene cuatro y media numeradas desde el trapiche llamado El Zapotal hasta el cerro nombrado el Potrero, este es un volcán que en el siglo pasado reventó y arrojó gran cantidad de fuego; al presente se descubren sus ruinas y a la falda se coge azufre en abundancia; no hay más hacienda que un hatillo de Cofradía con pocas reses, las demás se reducen a unas huertas cortas de maíz, verduras, árboles frutales y otras cementeras tan escasas, que ni aún bastan para la manutención de los que la cultivan. En este pueblo permanecí tres días, prediqué otros tantos sermones, termináronse con la procesión de penitencia, las confirmaciones fueron de mil diez personas; hubo algunas confesiones y comuniones; y por último acabada mi visita partí para el pueblo de Managua”. Finaliza diciendo Morel de Santa Cruz en su Informe de la visita apostólica, topográfica, histórica y estadística de todos los pueblos de Nicaragua y Costa Rica, realizada en 1751 y elevada al conocimiento de S.M. Católica Fernando VI el 8 de setiembre de 1752.

La boca del infierno

El volcán Masaya (también llamado Popogatepe, «montaña que arde» en chorotega), fue considerado en el siglo XVI por los conquistadores españoles como la “boca del infierno”, pues de acuerdo a las narraciones del cronista Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés[2], fue objeto de veneración por los habitantes de la zona y lugar, donde los indígenas consultaban a una bruja dentro del volcán, por lo que Oviedo supuso que ella era el mismo diablo.

Nik wallenda cruzando el crater del volcan Masaya este 4 de marzo del 2020, foto tomada del canal 6
Nik Wallenda cruzando el cráter del volcán Masaya este 4 de marzo del 2020, foto tomada del Canal 6.

Por su parte, el fray Francisco de Bobadilla colocó una cruz a la orilla del cráter para exorcizar al demonio. Esta cruz, se encuentra situada al borde de uno de los cráteres del volcán y es conocida, como: “La Cruz de Bobadilla” en honor al misionero español.

Las creencias indígenas junto con la superstición española rodearon de misterio y de leyendas la actividad del cerro aquel en cuya cima había un “pozo” del que salía a veces “una mujer muy vieja desnuda” con la que los indios celebraban monexicos o concejos. “Vieja era y arrugada”, narra Oviedo que así, la describió un cacique, “y las tetas hasta el ombligo, y el cabello poco y alzado hacia arriba, y los dientes largos y agudos, como de perro, y el color más oscura y negra que los indios, y los ojos hundidos y encendidos; y en fin”, dice, “él la pintaba en sus palabras como debe ser el diablo”, “Y ese mismo debía ella ser”, comenta Oviedo, “y si éste decía verdad, no se puede negar la comunicación de los indios con el diablo. Y después de sus consultas esa vieja infernal se entraba en aquel pozo y no la veían más hasta otra consulta”.

El infierno estaba en Masaya

Esta y otras narraciones sobre las actividades del volcán: sus erupciones internas, las llamaradas que salían del cráter iluminando las noches por leguas a la redonda, los misteriosos ruidos que salían de su interior, el calor y fuego intenso que emanaba de su seno, hicieron que gente timoratas y crédulas, corrieran la vos de que el infierno estaba en Masaya.

una grafica tomada del volcan Masaya en julio del 2016 para facebook y el articulo, en la grafica en primer plano Tifeen Tapia Lovler
Una gráfica tomada del volcán Masaya en julio del 2016. En la gráfica en primer plano Tiffen Tapia Lovler.

La voz corrió por los conventos de Europa y se tenía por seguro que, si el Paraíso estaba en alguna parte de la Arabia, el Infierno estaba en Masaya. Teólogos eminentes se preocuparon del asunto y enviaron comisionados de distintas órdenes religiosas para que estudiaran el problema. El misionero español Fray Bartolomé de las Casas, fue uno de los comisionados que eran hasta en número de diez los que se reunieron y examinaron el misterioso lugar.

El fuego del infierno quema, pero no destruye

Después de muchos estudios y experimentos llegaron a la conclusión de que el infierno no estaba en Masaya. El argumento básico que destruyó la leyenda fue el siguiente: “El fuego del infierno quema, pero no destruye, el fuego del infierno de Masaya quema y destruye, luego el fuego del infierno de Masaya no es el fuego del Infierno”. He aquí la narración fragmentada de Oviedo.

Cuenta el mismo Oviedo en su historia general y natural de las Indias, que cuando se encontraba en Nicaragua en 1534 Fray Blas del Castillo, oyó hablar del infierno de Masaya y tuvo deseos de verlo de cerca. No pudo verificarlo entonces porque iba de tránsito para el Perú, de donde regresó poco después para Nueva España (México).

En el año de 1536 hizo un viaje expreso de México a Nicaragua, y no paró hasta llegar a Granada con el objeto de visitar el volcán. Consultó su pensamiento con un fraile de San Francisco, de origen francés llamado Juan Gandabo, y una vez resuelto, tomó por compañeros a Juan Antón, Juan Sánchez Portero y Francisco Hernández de Guzmán, con quienes llegó a la cima, el martes en la tarde del 12 de junio de 1537.

El fraile se asomó al cráter y vio en el fondo, a través de una gran grieta de negra y apagada lava, una corriente encendida que saltaba a modo de borbotón o fuente de agua de fuego. Pensando que aquello fuese oro o plata derretida, lamentó el descuido de las autoridades españolas, protestando que, si le dieran aparejos e indios, para que lo subieran y bajaran, no vacilaría en penetrar al fondo y sacar las grandes riquezas que allí había.

Despertada la codicia de todos con las lamentaciones de fray Blas del Castillo, acogieron gustosos el pensamiento de bajar al interior del volcán y se regresaron a Granada, a dar cuenta de sus observaciones al otro fraile. Este los confirmó en la idea de que aquello era oro y entonces asociaron a la empresa a otros dos vecinos de Granada llamados Gonzalo Melgarejo y Pedro Ruiz.

Una vez convencidos todos, fray Blas del Castillo se reunió con sus seis compañeros y todos juraron solemnemente guardar el mayor secreto y cumplir con todo lo estipulado. fray Blas del Castillo ofreció ser el primero que penetraría al volcán; Juan Sánchez Portero, el segundo, y Pedro Ruiz el tercero; estipulándose, además, en que los indios que iban a llevar, se quedarían con los demás compañeros a la orilla del cráter, ocupados en bajar y subir gente por medio de cables.

Hechos los arreglos preliminares, fray Blas del Castillo, Juan Antón y Francisco Hernández, fueron con cuerdas de cabuya a medir la profundidad que había desde la boca y entrada del cráter hasta una especie de plazoleta que se veía más abajo. La cuerda se les rompió en esta operación y no pudieron averiguar nada.


Piezas de gran valor arqueológico han sido conservadas por años en el museo de Nindirí.

Probaron nuevamente en sucesivas expediciones y lograron medir y remediar la distancia hasta el fondo del volcán y calcularon que necesitarían no menos de trescientas yardas de cuerda.

Tanto por las lluvias, como por alistar reservadamente los aparejos, jarcias y demás objetos para la expedición, ésta tuvo que demorarse meses. Arreglado todo, se trasladaron al pueblo de Mambazima, a media legua de Masaya, donde vivía el socio Gonzalo Melgarejo. El mismo fraile, para lograr mayor reserva de todos, se encargó de torcer el largo cable que necesitaban.

Entre los objetos destinados para expedición figuraba una gran esfera de hierro, con sus barras, que podía abrirse y cerrarse, para meter en ella cangilones de barro, que, introducidos de cierta manera en el pozo, pudieran sacar el líquido rojo. Esta esfera estaba sujeta por unas asas de hierro, pendiente de una gruesa cadena quitada a una antigua lombarda.

El miércoles 10 de abril de 1538, se reunió fray Blas del Castillo por última vez con sus socios para proceder a la expedición. Gonzalo Megarejo se acobardó y dijo que consideraba tan temería la empresa que no tenía valor ni para presenciarla; pero que desde Mambozima, en donde se quedaría, les enviaría indios y cuanto más necesitaran. Francisco Hernández Guzmán hizo también la misma manifestación. El fraile y sus cuatro restantes compañeros no se detuvieron por eso y antes bien apresuraron la marcha.

Llegados a la cumbre del volcán, el viernes 12 de abril de 1538, fijaron el cabrestante y dejaron todo listo para principiar el día siguiente.

El sábado, 13 de abril de 1538, después de colocar el cabrestante como treinta pies apartado de la orilla, trajeron una viga gruesa de algo más de veinticinco pies a la que formaron en una de sus extremidades una garrucha, haciéndole una excavadura en la que se colocó una gran roldana, sujeta por un enorme perno de hierro. El cabo que tenía la garrucha fue empujado sobre el boquerón del pozo, a cinco pies de la superficie; y la extremidad opuesta, cubierta toda de grandes piedras, fue fijada con seguridad. Después se colocó en la garrucha un cable de ciento treinta y cinco brazas y se ató con él un gran tronco de árbol, como de nueve pies de largo por cuatro de ancho, al que se le hizo en el medio una muesca, en que se fijó el cable.

Lanzado el madero al vació con algunas dificultades, soltaron y aflojaron poco a poco el cabrestante, y de esta manera y con mucho trabajo se metió hasta hacerlo descansar en una de las mesetas interiores formadas por los derrumbes, causando un ruido infernal con las piedras y tierra que desprendía el madero al rozarse con las paredes. Así que éste hubo descansado en la meseta, recogieron el cable hasta dejarlo bien tirante y se sujetó a un tronco con objeto de que los que bajaran pudieran asirse de él y evitar los golpes contra las peñas de los lados del pozo.

En la viga que estaba colocada en la superficie del cráter, se fijó otra garrucha más pequeña de hierro por la que se deslizó una cuerda por cuya extremidad iba un balso o cincho, destinado al que tuviera que ser bajado enseguida.

Fray Blas del Castillo, celebró una misa que todos oyeron con devoción, confesó a todos sus compañeros y continuó rezando y encomendándose a Dios hasta la hora del almuerzo. Verificado esto se dieron perdón los unos a los otros y se separaron llorando en la consideración de que tal vez no volverían a verse.

El intrépido fraile se puso la estola, ciño ésta y los hábitos con una cinta bendita en la que colocó, del lado derecho un pequeño martillo para derribar las piedras movedizas y del izquierdo una calabaza con vino y agua; cubrió su cabeza con un casco de hierro y encima un sombrero bien atado; después se colocó en el balso y se ató muy bien; y tomando una cruz de madera en la mano, para besarla de vez en cuando, se lanzó al vacío y empezó a descender.

A pesar de las precauciones tomadas, el pobre fraile recibía bruscas sacudidas, porque lo bajaban con tal rapidez que no podía permanecer asido del cable fijado de antemano y tras él venía una lluvia de piedras que se desprendían con el roce de las paredes, contra las cuales oponía en vano las manos que se le destrozaron.

Al no haber tomado la precaución del casco de hierro, de seguro que el intrépido explorador habría sido muerto por una de tantas piedras que sobre él cayeron.

Llegado al barranco donde estaba fijado el troncón, fray Blas del Castillo, se arrodilló y besó tres veces la tierra, dando gracias a Dios por haberle salvado. Luego, empuñando la cruz, bajó resueltamente a pie por el barranco, siguiendo una larga pendiente, hasta llegar a una especie de plazoleta que habían formado los derrumbes y las lluvias. Como la plazoleta se desviaba un poco, los compañeros lo perdieron de vista y se llenaron de inquietud.

Después de haber bajado a la plazoleta, santiguándose y rezando, avanzó resueltamente, sin preocuparse de los vapores azufrados que se escapaban de algunas grietas, y con su martillo comenzó a derribar y triturar pedazos de roca, para ver si contenían metal. Convencido de que todo era “Piedra Quemada”, que de tener algún metal debió haberse escurrido para el fondo, consumido por el fuego, fijó la cruz en una peña y se regresó por donde había bajado hasta llegar al troncón.

El volcan masaya es una de las bellezas naturales que tiene Nicaragua para el turismo
El volcán Masaya es una de las bellezas naturales que tiene Nicaragua para el turismo.

Así que los compañeros lo divisaron, se alegraron mucho y empezaron  a hacerles señales con un paño blanco, para que subiera pronto, porque los indios, creyéndolo muerto, empezaban a huir sin que fuese posible detenerlos (tenían los indios terror supersticioso y no se asomaban nunca al volcán). Dirigiéndose entonces a tomar el balso, y aunque éste había sido elevado inadvertidamente cinco varas más arriba, Fray Blas no se desanimó por esto. Sin temor alguno se suspendió del cable fijo y subió a pulso hasta alcanzar nuevamente el balso, en el cual lo sacaron después de tres horas de tan peligrosa excursión.

La empresa de aquel fraile era tanto más atrevida, cuanto que todo el mundo creía que era imposible que bajando pudiera nadie regresar vivo por el calor y el humo que se suponían mortíferos.

Fray Blas salió contando prodigios y manifestando que no había ninguno de los inconvenientes que se habían temido, y que el líquido del fondo fuera el oro escurrido de las peñas en fuerza del calor.

Entusiasmados con la relación del fraile y creyendo segura su riqueza, determinaron los asociados que Pedro Ruiz se quedara cuidando con algunos indios y que los demás fuesen a Granada a buscar más socios para hacer mayores gastos.

El Domingo de Ramos, 14 de abril de 1538 se juntaron por la mañana en el convento de San Francisco y llamaron a Gonzalo Melgarejo para darle parte del buen éxito. Asociaron a Benito Dávila, que ofreció entrar el primero y también, a mucho ruego a Francisco Fernández Guzmán, que como se recordará los había abandonado.

Panoramica de la casa que se considera mas antigua de Nindirí
Panorámica de la casa que se considera la mas antigua de Nindirí.

Fray Blas del Castillo y sus siete compañeros concertaron que saldrían todos disimuladamente, el inmediato Lunes de Pascua, y tomando por distintos puntos se reunirían en la boca del volcán. Así lo verificaron y el martes 16 de abril del mismo año, después de haber oído misa rezada por Fray Blas entraron en disputas acerca de quien debiera bajar primero porque todos solicitaban este honor. Se echaron suertes, y tocó el primer lugar a Pedro Ruíz, el segundo a Benito Dávila, el tercero a Juan Sánchez y el cuarto a Fray Blas.

Repetidas veces entraron al fondo los intrépidos exploradores y lograron sacar muestras de lo que creían era oro fundido, mas enviadas las muestras a León fueron declaradas sin ningún valor.

Actualmente, el volcán Masaya, es uno de los principales destinos turísticos y mayores atractivos que ofrece Nicaragua, donde sus visitantes pueden disfrutar de una caldera volcánica de fácil acceso en la que se puede contemplar el bullir del magma.

Nindirí ante los ojos de Jorge E. Squier, 1848

En Nueva York el diplomático e historiador norteamericano Jorge Efraín Squier escribió sobre Nindirí lo siguiente: “se sale de Masaya por una amplia y hermosa avenida bordeada de campos boscosos, mucho mejores, en este respecto, que los que circundan Granada. La avenida conduce al pueblo de Nindirí, y las gentes de a pie y de a caballo que trajinan por ella le dan animación mayor que la observada por nosotros hasta entonces en las afueras de las otras ciudades.

Ephraim George Squier, Ministro Norteamericano en Nicaragua.
Ephraim George Squier, Ministro Norteamericano en Nicaragua.

En un punto equidistante de Masaya y Nindirí el camino pasa sobre una loma que es como burbuja de formación volcánica cuya comba tiene la línea perfecta de un arco iris… A un lado, en un pequeño nicho, vi una crucecita festoneada de flores ya mustias. Pasando este desfiladero, el camino vuelve a ser ancho y parejo, y sobre su camada cascajosa proseguimos rápidamente hasta llegar a Nindirí”.


Dibujo de Ephraim George Squier del volcán y laguna de Masaya.

Y continúa describiendo al Nindirí que encontró en el siglo XIX.

Apostrofe a Nindirí

¡Nindirí…! ¡Cómo describirte, lindo Nindirí,  anidado bajo la fragante techumbre del eterno verdor de árboles tropicales que entrelazan su ramaje sobre tus pulidas alamedas para tejer cúpulas verdes sobre las sencillas viviendas de tus pacíficos moradores!

¡Tu nombre musical que te dieran tanto tiempo ha, quizá cuando Roma era aún joven, no ha perdido nada de su melodía: NINDI; agua, DIRIA, montaña, nos dice todavía en una lengua arcaica y olvidada ya, que dormitaría ahora, como antaño, entre el agua y la montaña…! De entre todos los encantadores paisajes de serena belleza en que el ojo del viajero se ha extasiado, o que la fantasía ha pintado con su lápiz irisado, ninguno puede igualarse a ti, lindísimo Nindirí, escogido por las hadas de las montañas y las ninfas de los bosques y las sílfides de los lagos y las náyades de las fuentes. ¡Nindirí!

Este pueblecito indígena sobrepasa en mucho –en cuanto  a belleza pintoresca- a todo cuanto hemos visto hasta ahora. Naranjos, chagüites, marañones, jocotes, nísperos, mameyes y altos cocoteros, lucen entre el follaje los tonos ocres y dorados de sus frutos, y los jícaros tienden sus ramas cundidas de globos esmeraldas que emparran las chozas de sus sencillos y laboriosos moradores.


Nindirí posee una riqueza arqueológica inmensa en la gráfica piezas arqueológicas funerarias.

Las indias, sentadas bajo los árboles de los patios, desnudas hasta la cintura, hilan sus níveos copos de algodón o sus moños de cabuya mientras sus desnudos y bulliciosos chiquillos retozan dando tumbos en el limpio suelo apisonado, donde trémulas y variante filigranas de sol bailotean al mecer la brisa, con sus dedos invisibles, las ramas de los árboles. ¡Sosegado y primitivo Nindirí, sede de legendarios caciques y de barbáricas cortes! Sosegado aún hoy día en medio del estrépito de las ciudades y del atropellamiento y de la lucha de millares de seres humanos; primitivo entre la codicia usurpadora y la insistente penuria, entre la redomada hipocresía y los rudos modales, en esta época  en que la virtud es tímida y el vicio es procaz, y en que el agua y el fuego y hasta los mismos rayos del sol son esclavos de la voluntad del hombre. ¡Vuela hacia ti mi recuerdo como hacía una dulce noctívaga ensoñación ¡oh Nindirí, Arcadia de ensueño, pueblecito hijo de la fantasía, pueblecito casi irreal…!

Siesta y refrigerio

Cruzamos calles sombreadas y cercadas de piñuelas hasta desembocar en una espaciosa plaza, en cuyo centro se levanta una iglesia de exquisita arcaísmo. A su sombra unas vacas de lucio pelaje rumiaban cogitativamente; a duras penas abrieron sus ojos manso para venos pasar. Bajo los frondosos árboles de un costado de la plaza divisamos nuestras carretas y los mozos que disfrutaban de su siesta inmemorial. Tenían colocados los chuzos en pabellón y los caballos apersogados a las carretas; formaban un folclórica grupo  al que daban realce las figuras de los lanceros, recostados en posiciones tales que eran, a cual más, las más genuinas imágenes del reposo. No tardamos en juntarnos a ellos. El oficial que los mandaba, anticipándose a nuestra llegada, tenía listas dos o tres porongas de “algo fresco”; era una rica mixtura de agua de coco con jugo de marañón, deliciosa y refrescante, a la que rendimos pleitesía en dilatadas ingurgitación, sin olvidarnos de dar las “mil gracias” y los correspondientes “medios” a una indita de reír cascabelero que en blanquísimos huacales diera de beber a los sedientos forasteros.

Otra de las casas antiguas de Nindirí ubicada frente al parque del municipio
Otra de las casas antiguas de Nindirí ubicada frente al parque del municipio.

La “Piedra quemada”

Quedaba ya atrás la única parte del camino en que se suponía merodeaban salteadores, y aunque el jefe de la escolta insistía en seguir con las carretas, no creí fuese ellos necesario y decidimos que se volviese. Enseguida montamos de nuevo, y lo último que vimos de ese nuestro amigo militar fueron las relucientes lanzas de sus hombres con sus flamantes grimpolas rojas, a galope tendido por las calles de Nindirí.

Salimos del pueblo para entrar en la selva  comenzar a ascender por una de las laderas o estribaciones del volcán de Masaya…”, expresa en su escrito Jorge Efraín Squier sobre la hoy ciudad de Nindirí, artículo traducido magistralmente por el recordado don Luciano Cuadra Vega.

El volcán Masaya

El escritor Renato Zoppis de Sena, en su artículo EL VOLCÁN MASAYA, hace una brillante narración de todas las formas geográficas y del historial de las erupciones volcánicas desde la colonia hasta mediados del siglo XX, análisis de gases dañinos, su profundidad, elevaciones y lava expulsada.

Origen antiguo del título villa

No se conoce documento que demuestre quien o cuando se nombró o se le dio el título de Villa de Nindirí al pueblo.

Desde el inicio de la conquista fue encomienda del Capitán  Diego Machuca de Suazo desde 1529. Machuca más tarde fue el descubridor del Rio San Juan. Sin embargo se cree que el primer encomendero del pueblo fue el propio Pedro Arias Ávila.

Nindirí fue la ciudad más grande y floreciente entre los cacicazgos del territorio que formó la Provincia colonial de Nicaragua. Se le conocía con el nombre de Cacicazgo de Nindirí o Tenderí y su jurisdicción se extendía hasta los dominios del Cacique Tipitapa, los Jalteva y Masatepe.

Doscientos años y trece días después del descubrimiento de América por Cristóbal Colón, el 25 de Octubre de 1692, los vecinos de pueblo indígenas de Nindirí, con sus Alcaldes y Regidores don Mateo Vicente, don Pedro Hernández y don Pedro Vázquez, solicitaron al Capitán de Caballería y Alcalde Ordinario de la ciudad de Granada don Andrés Pérez de Asenia, les midiese las tierras aledañas al pueblo y pertenecientes a don Juan Guillén a fin de obtener en venta cualquier sobrante para el HATILLO DEL SANTISIMO SACRAMENTO y … las tierras de “El Zapotal”, que era de los Guillén y les fueron vendidas a Lázaro Caldera, quien pagó una hipoteca que sobre dichas tierras pesaba, a favor del Convento de San Francisco de Granada.


Piezas arqueológicas del museo de Nindirí.

Las tierras vendidas al Común de Nindirí constaban de dos caballerías y quinientas dieciocho varas. Fueron pregonadas en subasta, en la ciudad de Guatemala, a solicitud de don Matías Jacinto de los Reyes, en nombre del pueblo de Nindirí, al precio de cuarenta tostones por caballería, el 9 de marzo de 1694, adjudicándoseles por no haber otro postor. La adjudicación la aceptó el apoderado del pueblo de Nindirí don Esteban de la Fuente, quien enteró en las Cajas Reales ciento diez tostones.

El 22 de octubre de 1698, don Juan Caldera vendió las tierras de “Guillén”, al mismo pueblo de Nindirí o su Común por doscientos pesos sencillos, conforme escritura autorizada por el Alcalde Pérez de Asenia, en la ciudad de Granada. Por esta compra se juntaban a las tierras compradas en Guatemala, las de “El Zapotal”, que habían pertenecido a don Juan Guillén. “Los Nindiríceños no somos dueños de las tierras del municipio. Ud. No encuentra uno ciudadano que tenga más de 20 manzanas. Nuestras tierras pertenecen  a los Bolaños, Caldera, Rosales, Robelo y Velázquez”, expresa Nindiríceño don Justo Pastor Ramos.

El Nindirí de hoy

Aunque no se conoce la fecha de su fundación el pueblo y municipio de Nindirí es el segundo en dimensión de los nueve que conforman el departamento de Masaya. Fue elevado a la categoría de ciudad el 23 de agosto de 1995. Tiene una extensión de 152 kilómetros cuadrados, está ubicado entre las coordenadas 12º 00 de latitud norte y 86º 07 de longitud oeste y está ubicado a una distancia de 26 kilómetros de la capital. Según estimaciones de INEC en el año de 1996, la ciudad tenía una población de 35, 703 habitantes hoy en el 2020 se estima en más de 60 mil la población en todo el municipio. Ocupando el 32% en la zona urbana y el 68% en lo rural.

el municipio tiene varios parques para la diversion de la niñez y juventud de nindirí
El municipio tiene varios parques para la diversión de la niñez y juventud de Nindirí.

A partir del 16 de marzo 1772 cuando ocurrió la última erupción volcánica  del Santiago la geografía del municipio y del departamento  cambió, se estima y valora que todo el complejo volcánico del volcán Masaya es considerado el cráter más grande de América. En el oeste del municipio se ubican los cerros: El Ventarrón, El Sastete y El Montoso y la simétrica colina denominada Colina Tenderí, en donde se cree y estima fue la tumba del Cacique Juan Nacudirí, (quien no se sometió al bautismo inquisidor de los españoles conquistadores).

Nindirí celebra dos fiestas populares y patronales: la de Santiago y la de Santa Ana su patrona los días 25 y 26 de Julio de cada año. Sin embargo su primer patrón impuesto por los conquistadores y religiosos católicos fue San Pedro, imagen traída por Diego Machuca durante su encomienda. Su actual parroquia es Monumento Nacional y fue construida por el Alcalde don Santiago Flores Santana en 1798, mismo a quien se le atribuye el establecimiento de los nuevos patrones Santiago y Santa Ana, en su propio honor.

Situación económica social

Es el municipio de Nindirí de todo el departamento de Masaya el de más próspero desarrollo producto de la acelerada instalación de empresas industriales como: TIP TOP, SOLKA S.A, ENI- SUE- ROS S: A., PROINCO, S.A., MECO SANTA FE, CONCRETERA TOTAL S,A., CUPIDO FONDATIONS, AVICOLA LA BARRANCA, la instalación y presencia de todas estas empresas y fábricas han tenido gran influencia en la vida del municipio generando ingresos económicos a la alcaldía y empleo a la población, el cual se refleja en el rápido crecimiento estructural  del mismo, a lo que se suma la gran cantidad de nuevos restaurantes y moteles a lo largo de toda la carretera hacia la capital.

Puerta de una de las casas mas antiguas de Nindirí
Puerta de una de las casas mas antiguas de Nindirí

Un alcalde que ganaba 20 córdobas al mes

“Hoy el municipio ha crecido mucho y la alcaldía tiene mejores ingresos, cuatro éramos los  empleados públicos: el barredor ganaba  2 córdobas con cincuenta centavos, el Síndico 5 córdobas, el secretario 10 córdobas y yo que era el Alcalde ganaba  20 córdobas  al mes”, recuerda el Prof. Isidro “Chilo” Barbosa Ramírez, quien fue alcalde varias veces en Nindirí.

El profesor Isidro Chilo Barboza, todo un personaje de Nindirí
El profesor Isidro «Chilo» Barboza, todo un personaje de Nindirí.

“Hoy los ingresos municipales se  estiman en 9,500.000 de córdobas anuales, a lo que se suman 1,200.000 córdobas del 1% que el Estado transfiere a la ciudad.

De lo anterior el 80% se invierte en proyectos y el 20% para gastos corrientes”, afirma el Dr. Alfonso Castillo Noguera, alcalde municipal.

Hoy el alcalde no gana 20 córdobas como en la época de Chilo Barbosa, el salario del Alcalde actual es de 17 mil córdobas mensuales aproximadamente.

El municipio tuvo su primera escuela hasta el tercer grado a principios de los años cuarenta, hace 80 años. “Cuando me nombraron profesor en el pueblo había solamente primero, segundo y tercero. En el siguiente año se estableció  el cuarto, en los siguientes años el quinto y sexto y cuando deje la escuela a teníamos hasta el tercer año básico”, recuerda  el Prof. Isidro  “Chilo” Barbosa Ramírez, quien a lo largo de sus 100 años de vida ocupó todos los cargos del pueblo habidos y por haber, desde maestro, alcalde en numerosas ocasiones, síndico, secretario, asesor  municipal, tesorero del juzgado, menos el de cura, está jubilado desde 1980, y por supuesto es gallero empedernido de toda su vida.

La educación hoy en 2020 en Nindirí

Hoy el municipio de Nindirí tiene 55 centros educativos estatales y privados en todas las modalidades, 8 institutos de secundaria, 19 escuelas primarias 17 preescolares los cuales están ubicados dentro de los centros de educación primaria, 4 preescolares comunitarios. De manera que la infraestructura de la educación pública es de 26 centros educativos con una matrícula de 9,722. También existen 7 centros de secundaria privados, 10 escuelas de primarias privadas y 12 preescolares privados, para un total de 29 centros educativos privados con una matrícula de 2,705. Educación de jóvenes y adultos con una matrícula de 1,380. Muchos de estos centros educativos privados son subvencionados por el Estado, creando una cobertura total educativa en el municipio para un estimado de más de 13,807 estudiantes de todo Nindirí.

17 comarcas

“Hasta hace pocos años el municipio de Nindirí abarcaba también  al hoy municipio de Ticuantepe. La mayoría de  sus registros están en  nuestros archivos, sin embargo hoy lo integran 17 comarcas”, señala  el Alcalde Dr. Alfonso Castillo Noguera.


Dr. Alfonso Castillo Noguera

Las comarcas que integran el municipio son: Lomas del Gavilán, San Francisco, Campusano, Piedra Menuda, Buena Vista, Veracruz (él más poblado), Madrigal Sur y Madrigal Norte, Cofradía, San Joaquín, El Papayal, Guanacastillo, Los Altos, El Portillo, Los Brenes, Los Vanegas, Valle Gottel y El Raizón.

“Las 17 comarcas tienen necesidades unas más que otras, sin embargo San Joaquín es la más pobre. Nuestra población rural es totalmente agrícola y los caminos están hoy en mal estado. Por otro lado, por falta de financiamiento muchas cooperativas desaparecieron e incluso  en estos últimos días unos campesinos cooperados de San Francisco acaban de vender a precio de guate – mojado sus propiedades a un gringo”, afirma don René Ruiz, Nindiríceño y miembro del Consejo Municipal.

“Tengo seis comarcas a mi encargo religioso: San Joaquín, San Francisco, Los Brenes, El Portillo, Campusano y Lomas de Gavilán,  en esta  última no hay  escuela y los niños tienen que caminar hasta San Francisco para recibir educación. En todas ellas hay  desempleo y pobreza”, afirma  el padre Nazaret Antonio Ricarte Soto, cura de Nindirí.

Nindirí un pueblo religioso

“Tengo tres meses de haber sido ordenado sacerdote y dos meses de estar a cargo de la iglesia de Nindirí, sin embargo he podido apreciar una gran religiosidad en sus habitantes. La ciudad es muy agradable pintoresca y tranquila. La feligresía me ha expresado que el mayor problema para los padres de familia es la gran cantidad de expendios y ventas de licor en la población”, señala el padre Nazaret Antonio  Ricarte Soto (24) y nacido en Masatepe.

Los pilares que sostienen la iglesia son de finos granadillos
Los pilares que sostienen la iglesia son de finos granadillos.

La división geográfica de Nindirí con Managua quedo suspendida e indefinida en la administración del Gral. José Santos Zelaya desde el 10 marzo de 1897. Lo anterior también se prestó para que más recientemente el hoy municipio de Ticuantepe quedara en manos de los Managua, y el departamento  de Masaya perdiera parte de su territorio.

El presidente Bolaños: es nindiríceño por opción propia

El presidente Enrique Bolaños es de Nindirí, tiene de vivir en El Raizón más de cuarenta años. ¡A propósito! Vos  Mario que sos  amigo personal de él, recordarle que no se olvide de nuestro municipio.

Desde la campaña electoral no nos ha visitado”, nos dice el Dr. Alfonso Castillo. “Uno es de donde dejo el ombligo. Así que Enrique es Masaya”, afirma su hermano el Dr.  Alejandro Bolaños Geyer.

Manuel Salazar, otro nindiríceño por su propia opción

Después  de lidiar en la vida periodística por más de 50 años, iniciándose en el Diario La Prensa, Manuel “El Negro” Salazar Ramírez, fue conquistado para trabajar en ese periódico durante los años 40 por otro roble del periodismo Agustín Fuentes Sequeira, Salazar hoy, en el ocaso de su vida, descansa en el pueblo de Nindirí. “Este terreno lo compre antes de 1972, me vine a vivir al pueblo después del terremoto, pero  este pueblo ahora no es ni la sombra de lo que fue, sus calles  limpias eran lindas llenas de arena y la tranquilidad envidiable, hoy  no es ni la sombra de lo que fue Nindirí”, rememora el legendario fotógrafo de La Prensa y fundador de El Nuevo Diario en donde fue jubilado en los años ochenta.

El veterano y recordado reportero gráfico  Manuel el negro Salazar Ramirez
El veterano y recordado reportero gráfico Manuel «El negro» Salazar Ramirez.

Sus personajes

Indiscutiblemente el personaje principal del municipio es  su Cacique y jefe indígena Nacatime y el legendario y rebelde Nacudirí, don  Manuel Aurelio Gutiérrez, don Alberto Ortiz, don José María Gutiérrez fundador del Museo arqueológico de Nindirí, don Pánfilo Ramos, doña Balbina Tapia, doña  Flora Membreño, Prof. Isidro “Chilo” Barbosa, Ramón Barbosa (El Cacique Barbosa), los marimbistas Murillo,  los pintores Carlos José Aguilar, don Pedro Pablo Cuarezma (Periodista), el Profesor Roberto González García, Trio los Caciques, los deportistas Ballardo Reyes Membreño, Germán Cerrato Orozco, Jorge Luis Loásiga, Norman Ortega Martínez, Denis Vallecillo y César Castro.

El artista Noel  Flores, el periodista Mario Fulvio Espinoza y don Francisco González siete veces alcalde de Nindirí.

Don Enrique Gottel

Otro personaje  de Nindirí fue sin duda Don  Enrique Gottel, en honor a quien hoy una de sus comarcas se llama Valle de  Gottel, era nacido en Dautrick, Prusia,  Alemania.

Gottel que había fundado su periódico “El PORVENIR DE NICARAGUA” en la ciudad de Rivas, lo traslado a una montaña en el hoy Valle de Gottel en donde lo siguió publicando y cabalgando en un borrico lo llevaba a Managua a vender. Los historiadores afirman que el periódico era bastante noticioso y tuvo circulación en Honduras y El Salvador. Don Enrique Gottel murió el 11 de enero de 1875, es considerado por historiadores como “uno de los extranjeros más laboriosos y  notables que han llegado al país.

Rubén Darío escribió en “El porvenir de Nicaragua”

Se afirma que fueron colaboradores del periódico, el Dr. Modesto Barios, Bruno Hermógenes Buitrago, ambos de León; Don José Dolores Rodríguez y el Dr. Jerónimo Rodríguez (Zemira) de Managua; Rubén Darío, Cesáreo Salinas (Chachis) de León; Don Francisco Gavidia, de El Salvador; Don Francisco de la Fuente Ruiz, de México; Don Federico Putzeys y don Marcial Blanchard, ingenieros franceses.

Es por todo lo anterior que la Revista Cultural “Gente de  Gallos” cree que el nombre de la comarca  del Valle de  Gottel es uno de los más logrados del municipio.

Nuestro  Rubén Darío se expresó así de ese periódico:

“Helo! Valiente campeón
 del cardenista partido,
 más viejo que Salomón,
 con tal fuerza de razón
 Jamás quedará vencido”

Lo anterior demuestra que el periódico “EL PORVENIR DE NICARAGUA”, fue un notable  forjador de la historia del periodismo nicaragüense en su momento.

Orgullo, añoranzas y deseos

Nindirí sigue teniendo la quietud que describieron el Obispo Pedro Agustín Morel de Santa Cruz y el norteamericano Jorge Efraín Squier, aunque su población es totalmente mestiza y la presencia de indígenas es mínima. Sus calles conservan las líneas coloniales, sus solares en su mayoría están abarrotados de árboles frutales producto de sus tierras fértiles. Su población es trabajadora y altamente religiosa  y sus demostraciones católicas se ven más durante los viernes de cuaresma.

“Me regocijo saber que hoy hay una buena cantidad de profesionales en la ciudad y que son útiles a la sociedad. El alcalde anterior don Oswaldo Gago fue mi alumno”, rememora la Profesora Doña Casilda Toribio Gutiérrez. “Lo que más añoro es la tranquilidad del pasado. Hoy si te descuidas pierdes todo”, afirma don Isidro “Chilo” Barbosa. “Son familias destacadas del pueblo los Barbosa, Noguera, Ramos, Tapia, Membreño y Castillo. En la ciudad hay 7 calles y 7 avenidas, sin embargo algunas tienen nombre de personas ajenas al lugar, como la avenida Cornelio Huech, el masatepino Remigio Sánchez o Héctor Darío Pastora. Es hora que reconozcamos nuestros valores”, asegura don Justo Pastor Ramos.

Metas y proyectos

“Tenemos muchas aspiraciones y proyectos. Estamos conscientes de la crisis económica que vive el país, sin embargo creemos que con el trabajo y la unidad  de los ciudadanos  de Nindirí y el apoyo gubernamental podemos salir adelante y cumplir nuestras metas. Tenemos como objetivos principales hacer un  mercado municipal y un centro de salud con camas, así como tener el municipio más limpio de Nicaragua”, afirma el Alcalde Dr. Alfonso Castillo Noguera.

Sin embargo el principal proyecto no solo del municipio  de Nindirí, sino de todos los municipios de la cuenca de la Laguna de Masaya, Masatepe, Nandasmo y La Concha es el Corredor Turístico que atraviesa la laguna y el Volcán, el cual vendría a promover el turismo internacional y nacional y generaría gran actividad laboral y comercial.

Museo de Nindirí guarda en su cede mas de 1500 piezas arqueologicas
El museo de Nindirí de la familia Gutiérrez Membreño guarda en su sede más de 1500 piezas arqueológicas.

Por otro lado la mayoría de los pobladores esperan que los alcaldes y diputados del departamento de Masaya  comiencen desde ya a trabajar en la búsqueda de hacer realidad un proyecto de saneamiento de la laguna de Masaya y detener desde ahora la  destrucción que siguen haciendo los ciudadanos de la ciudad de Masaya en la laguna, volcando desechos sobre la misma.

La destrucción es tal que usted tira un anzuelo y pesca una llanta, lo tira de nuevo y pesca una gasa, lo vuelve a tirar y pesca un  condón y si no pesca lo anterior puede pescar EL CÓLERA, producto del deterioro que ha sufrido en todo estos años. Es la laguna de Masaya junto con todos sus habitantes la mayor  fuente de riqueza  del departamento. Hay que  salvarla y le daremos más vida y futuro a nuestra población.  SALVAR LA LAGUNA DEBE SER PRIORIDAD DE TODOS LOS CIUDADANOS DEL DEPARTAMENTO DE MASAYA.

FUENTES: Documento e informe de la Visita Apostólica, Topográfica, Histórica y Estadística de todos los Pueblos de Nicaragua y Costa Rica, hecha por el Ilustrísimo Señor Don Pedro Agustín Morel de Santa Cruz, Obispo de la Diócesis en 1751 y elevada al conocimiento de S.M. Católica Fernando VI, el 8 de Septiembre de 1752; La obra de Jorge Efraín Squier “Nicaragua y su Gente”, traducida por don Luciano Cuadra Vega; Monografía de Masaya del Doctor Julián N. Guerrero; “El Infierno de Masaya” de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés; “El Volcán Masaya”, de Renato Zoppis de Sena; AMUNIC, Alcaldía Municipal de Nindirí; y la colaboración especial  del Dr. Alejandro Bolaños Geyer.

Nota: El presente artículo “Historia de Nindirí” fue publicado el 4 de mayo del 2002, se actualizaron únicamente sus datos poblacionales y educacionales.

[1] Según el sitio web de Municipios de Nicaragua – Información sobre pueblos y ciudades de Nicaragua. Disponible: https://www.municipio.co.ni/municipio-Nindirí.html

[2]Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez, Nicaragua y los cronistas de Indias: Oviedo, publicado por el Fondo de promoción cultural del banco de América 1976.