¿Aves son eslabones perdidos?

Por Christopher P. Sloan
y
Fotografías de O. Louis Mazzatenta.

¿Un Dinosaurio Volador?

“ES EL ESLABON perdido entre los dinosaurios terrestres y las aves que ciertamente podían volar”

-STEPHEN CZERKAS-

Nota del director: Este artículo, publicado en la revista NATIONAL GEOGRAPHIC, del mes de Noviembre de 1999, lo reproducimos en Gente de Gallos porque consideramos (pie será de sumo interés para todos los galleros que quieren saber de dónde viene el origen de la violencia y ferocidad de nuestros hoy bellos y emplumado gallos de combate y su evolución en el mundo animal.

Nuevos descubrimientos fósiles muestran que la existencia de plumas entre los dinosaurios era más común de lo que se pensaba. Debido a que muchos de sus parientes tenían plumas, los científicos ahora piensan que el Tyrannousaurus Rex también pudo haberlas presentado en una etapa temprana. Las crías debieron haber perdido su aterciopelado plumaje al crecer.

Tres de los fósiles fueron hallados hace poco en la provincia de Liaoning, en China, en el área que en 1996-97 arrojó a la luz los dinosaurios emplumados incapaces de volar. Los cuatro son terópodos o comedores de carne: un dromeosaurio de una familia de predadores de regular tamaño que incluye los «raptores» de Parque Jurásico; un ovirraptorosaurio de Mongolia con cola parecida a la de las aves; un terizinosaurio de dos metros de largo y una criatura que tiene los brazos de ave y la cola dedinosaurio.

Hace veinte años, cuando John Ostrom, paleontólogo del Museo de Historia Natural de la Universidad de Yale, propuso que los pájaros descendían de los terópodos, muchos científicos lo calificaron de radical. Pero las claras impresiones de plumas en los fósiles de Liaoning, alargan la lista de terópodos emplumados; por lo que hoy se puede decir que las aves son terópodos con la misma seguridad de que los humanos son mamíferos.

Es el mes de mayo de 1999, en el sureste de Utah, y estoy a punto de ver a uno de los especímenes chinos que sólo unos cuantos conocen. Stephen y Sylvia Czerkas, directores del Museo del Dinosaurio de Blanding, lo encontraron este año en una exhibición de gemas y minerales. Al reconocer de inmediato su valor científico, buscaron benefactores y lo compraron, planeando darle un hogar en el museo.

De acuerdo con las autoridades chinas, cualquier fósil que salga del territorio de China (incluyendo los incontables especímenes de aves y huevos de dinosaurios que han aparecido en el mercado internacional) constituye una exportación ilegal. De manera que, luego de terminar su estudio sobre el fósil, los Czerkas planean devolverlo a China.

Stephen me lleva a la habitación trasera para ver al animal que llamó Archaeraptor liaoningensis. Yo había visto especímenes de dinosaurios emplumados, pero lo que él me muestra me causa estupor. Sus largos brazos y su pequeño cuerpo indican a gritos que es un ave. Su larga y rígida cola (de la cual brotan, bajo un lente de aumento, bastoncillos de soporte similar al de los vertebrados) señala que es un dinosaurio. Rodeando a los huesos, lo que sugiere que el animal es un ave primitiva como el dromeosaurio, hay restos de plumas. Unas similares a las protoplumas en forma de cabello del Sinosauropterix incapaz de volar hallado en 1996.

Pero otras son largas y anchas; parecen sugerir plumas para volar. «Es el eslabón perdido -explica Stephen-, No podemos probar que volaba, pero incluso sin considerar las plumas, su anatomía (largos brazos, escápula, y la estructura ósea equivalente en un ave a la mano y muñeca) no tendría sentido a menos que así hubiera sido».

Tres semanas antes había visto los otros dos fósiles de Liaoning en el Instituto de Paleontología y Paleontropología de Vertebrados en Beijing. El primero, un dromeosaurio, era una criatura del tamaño de un águila llamado Sinomithosaurus millenii, «Pájaro-reptil chino del milenio».

Tenía una apariencia feroz, con dientes como de barracuda y largas y curvas garras.

Me recordó la descripción hecha por John Ostrom: «Extrañas máquinas asesinas».

El paleontólogo Xu Xing me mostró cómo los huesos del anillo óseo de la región escapular del Sinomithosaurus milleni (escápula, coracoides y clavícula) se asemejan más a los de un ave que a los de un dinosaurio. Estos huesos, que son decisivos para volar, se unen en la fosa glenoidea, área en forma de copa que determina el grado en que un ave puede elevar sus alas sobre sus hombros para aletear. «Si solamente viera el anillo óseo de la región escapular, pensaría que es un Archaeopteryx, la primera ave que se conoce», comentó.

Xu me mostró el otro terópodo emplumado, Beipiaosaurus inexpectus, uno de los pocos especímenes conocidos de terizinosuario. Los grises huesos fueron descubiertos cerca del pueblo de Beipiao por unos agricultores, quienes los desecharon creyendo que no tenían ningún valor comercial. Xu y sus colegas se tropezaron con los restos del fósil y rescataron las piezas del sitio.

El científico me dio una roca plana del tamaño de mi mano con impresiones rosadas en forma de crestas que sugieren rígidas y delgadas plumas. «Estos filamentos pudieron haber tenido centros huecos», dijo. Se trata de un rasgo clave, pues las estructuras huecas como el cabello caracterizan a los protoplumas: eslabones evolutivos entre la piel de los reptiles y las plumas.

Con dos metros de largo, el Beipiaosaurus es el dinosaurio con plumas más grande que se haya encontrado. Pero, ¿por qué es así, si ni este terizinosaurio ni sus ancestros alguna vez volaron? Una posible explicación es que sus plumas no evolucionaron para el vuelo sino como aislante; lo que da origen a otra pregunta: ¿Tenían los dinosaurios sangre caliente?

La bióloga Mary Schweitzer, de la Universidad Estatal de Montana, quien ha estudiado las pequeñas estructuras fibrosas de una criatura parecida a una ave proveniente de Mongolia y llamada Shuvuuia deserti, está ayudando a responder esa pregunta. Sus estudios muestran que, química y estructuralmente, las fibras son similares a las plumas modernas.

«Los únicos animales actuales con cuerpos cubiertos de pelo o plumas tienen los niveles metabólicos altos entre las criaturas de sangre caliente. Parece razonable asumir que esto también se aplica al pasado. Los dinosaurios con el cuerpo cubierto quizá tenían sangre caliente.

Parece razonable asumir que esto también se aplica al pasado. Los dinosaurios con el cuerpo cubierto quizá tenían sangre caliente o niveles metabólicos significativamente más altos en comparación con los animales modernos de sangre fría».

Ahora bien, cuanto más grande sea un animal, es menos probable que requiera un abrigo de pelo o plumas aislante, dado que los cuerpos grandes generan  más calor. Un cálido abrigo es lo último en un T. Rex adulto hubiera requerido en el subtropical mundo del Cretáceo. «Si un T. Rex adulto presentaba plumas, tal vez era sólo para exhibirse», afirma Philip Currie, experto en terópodos y curador de dinosaurios en el Museo Real Tyrrell, en Drumheller, Alberta.

Pero, ¿qué pasa con los T. Rex jóvenes? “Los animales bebés tiene menos control de la temperatura corporal que los adultos- explica Currie-, Las crías del T. Rex necesitaban permanecer calientes de alguna forma. ¿Qué otra cosa sería más lógica que plumas aislantes?».

Una fotografía de un ave en vuelo congela sus alas en una pose; una mera sugerencia del complicado proceso que implica el vuelo. De manera similar, los nuevos fósiles del Liaoning conciben una instantánea de la evolución de la piel de los reptiles a las plumas. Es probable que algún día un nuevo descubrimiento capturará el momento en que un dinosaurio volador se convirtió en ave.

«Es el ESLABON PERDIDO entre los dinosaurios terrestres y las aves que ciertamente podían volar».

Con brazos de ave primitiva y cola de dinosaurio, esta criatura encontrada en la provincia de Liaoning, en China, es el eslabón perdido en la cadena entre los dinosaurios y las aves. Científicos patrocinados por National Geographic estudiaron a este animal, llamado Archaeoraptor lianongensis, con rayos ultravioletas, y tomografías computarizadas para examinar partes ocultas por la roca. Un estudio de los brazos sugiere que era mejor volador que el Archaeopteryx, la primera ave conocida. Su cola sin embargo, es muy similar a las rígidas colas de una familia de dinosaurios predadores (los dromeosaurios). Esta mezcla de rasgos avanzados y primitivos es lo  que los científicos esperan encontrar en los dinosaurios que volaron. Stephen Czerkas, al estudiar este espécimen, reconstruyó el nuevo animal, el cual asemeja un Archaeopteryx.

“El dinosaurio emplumado más grande, el Beipiaosaurus, era de alargado cuello y largas garras, sus delgadas plumas se extendían cinco centímetros desde el antebrazo”

«Este fósil es quizá la mejor evidencia desde el Archaeopteryx de que las aves sí evolucionaron de ciertos tipos de dinosaurios carnívoros», afirma Czerkas.

Hoy se pueden decir que LAS AVES SON TERÓPODOS.

Con la misma seguridad con que los humanos son mamíferos.

Un halo de plumas surge de los huesos fosilizados del Sinornithosaurus millenii, que vivió hace más de 120 millones de años. Probablemente se alimentaba de lagartijas y pequeños mamíferos. A pesar de que la criatura estaba aparentemente cubierta por aterciopeladas plumas, podía saltar pero no volar. Sin embargo, según el paleontólogo Xu Xing, su clavícula en forma de bumerang se parece a la de la primitiva ave Archaeopteryx. Cerca de las dos garras, el «ancla» vertebrada de la cola es un manojo de delgados bastoncillos óseos, que endurecía la cola para facilitar su maniobrabilidad. Este rasgo lo identifica como un dromeosaurio, uno de los predadores más efectivos en sus días. El fósil también apoya el concepto de que las primeras plumas evolucionaron como aislantes o para exhibirse, más que para el vuelo, y añade más peso a la idea de que estos dinosaurios tenían sangre caliente.

El dinosaurio emplumado más grande que ha sido encontrado, el Beipiaosaurus, era un terizinosaurio, un terópodo de alargado cuello y largas garras. Sus delgadas plumas, que se extendían cinco centímetros desde el antebrazo, no eran utilizadas para el vuelo sino, tal vez, como aislante. «Me parece que el terizinosaurio “escogió” un estilo de vida más lento, evolucionando así del consumo de carne al consumo de plantas», explica Xu Xing, estudioso del fósil.

La creciente evidencia comprobada en los fósiles de que las plumas eran comunes entre los terópodos llevó a Stephen Czerkas, del Museo del Dinosaurio en Blanding, Utah, a añadir plumaje a un modelo anterior de dromeosaurio llamado Deinonychus.