“Los gallos me han dado todo lo que tengo”: Miguel Vega

Texto de
Mario Tapia

Si mal no recuerdo, conocí a Miguel Vega Vallejo, “Veguita”, en la Gallera de Loma Linda, de Manuel Castillo, “Manuelillo”, o en la Gallera Larreynaga, pero en una de las dos fue y en Managua, en los años setenta. Miguel Vega, es un hombre de baja estatura, blanquito, ojos sarcos. Ha dedicado la mayor parte de su vida a la cría y cuido del gallo fino. Nació en Mina La India, departamento de León, un 18 de septiembre de 1941. Sus padres fueron don Felipe Vega y doña Paula Vallejo, ambos originarios de ciudad Darío; tuvo ocho hermanos, seis varones y dos mujeres. Lo metió en el mundo de los gallos su hermano Nicolás Vega. Hoy tiene ya medio siglo de andar entre los gallos.

Después de que cuatro de sus hermanos murieron accidentalmente, trabajando en Mina La India -Eduviges, Luis, Domingo y Rufino- le ofrecieron trabajo en la misma como ayudante de la “chancha” (máquina trituradora) donde trabajó varios años. Más tarde, otros dos de sus hermanos Nicolás y Javier murieron de tuberculosis, producto del trabajo en la mina. “Veguita” buscó otros horizontes y tras una oferta, se fue a jugar béisbol en la liga semiprofesional del Ingenio San Antonio, Chichigalpa, donde conoció a numerosos cubanos aficionados a los gallos.

“Veguita” –así se le conoce en el mundo galleril— solamente pudo estudiar hasta el cuarto grado de primaria, pero es un graduado de la vida y un gran conocedor del arte de preparar un gallo de combate. Tiene seis hijos, pero solamente Jairo le salió gallero y es quien le acompaña en el trabajo diario de criar, cuidar y preparar sus gallos.

Hoy tiene 18 años de vivir en la ciudad de Masatepe, donde compró una pequeña finca en 4 mil 500 dólares, ganados con el triunfo de sus gallos. Aquí una entrevista con este excelente preparador del gallo de navaja corta:

¿Cuántos años de vida, Miguel?

68 ya.

¿Cuántos de estar metido en los gallos?

50 años.

¿Quién te inició en los gallos?

Me inició en los gallos mi hermano Nicolás Vega. Allá, en Mina La India, en aquellas cerrazones, yo llegaba allí y miraba aquellos gallos lindos y me encantaban. Lo miraba a él con sus gallitos encasillados y le decía: —Nicolás ¡qué bonitos esos gallos! —Te voy a regalar uno me dijo. Y allí comencé.

Llegué de 19 años al ingenio San Antonio, entonces sí, ya me metí más fuerte en los gallos. Ya iba a Chinandega a jugar gallos y después a toda Nicaragua.

¿Quiénes eran los galleros del ingenio San Antonio?

Llegaba un grupo de campesinos de Santa Teresa a cortar caña, y toda esa gente era gallera y llevaba gallos, porque Santa Teresa ha sido uno de los lugares más fértiles para los gallos. Vos, Mario, lo sabés bien, no es que yo te lo esté recordando. Entonces, se armaban durante las zafras unas jugaderas de gallos; allí llegaba Mariano, hasta Troilo Sánchez llegaba allí, a las jugadas de los Domingos de Ramos. Aquel famoso gallero llamado La Selecta, que tenía una barbería. Hildebrando Olivares, de Corinto, Moncho Cabrera, toda esa gente llegaba, era jugadón…

Cómo se jugaba antes, era un torneón… mil pesos lo echaba sólo Troilo Sánchez, en esos tiempos.

¿Qué navaja jugaban, Miguel?

La más grande. Libre. Yo me traslado en 1972 a Managua, cuando me retiro del béisbol en el ingenio San Antonio.

¿Al ingenio llegaste a jugar béisbol?

Óigame, a mí me lleva a los entrenamientos el equipo Zapper Flor de Caña, en 1961. Me quedo allí y juego hasta 1972 para el ingenio San Antonio; jugué semiprofesional en 1963 y 1964, porque era sucursal del equipo Oriental. Entonces los peloteros se iban allá, a pasar su temporada de vacaciones, los que estaban sin trabajo, los que no tenían cobertura para el extranjero, porque no eran muchos.

Entonces se dijo que el pelotero de aquí quedaba estancado, porque había tres meses de liga y nueve meses sin béisbol. Entonces formaron la semiprofesional, para que los jugadores estuvieran en forma. Y después pasaba jugando gallos; todavía en la primera división, me sacaron solvencia para jugar, pero ya no me gustó el béisbol, me metí totalmente a los gallos.

¿Qué jugadores de béisbol eran galleros?

¿Jugadores, jugadores? Echaban sus peleítas allí, entre ellos, estaba Secundino Bonilla, el finado Octavio Abea, hasta el finado Duncan Campbell llegaba a la gallera y apostábamos, y jugábamos gallos casi a diario.

Porque la gallera era en la colonia de nosotros. En la casa de Montiel, jefe del departamento de camino, allí era la gallera; era bonita, bien hecha. Los planos los trajeron de México Alberto Estrada y Guillermo Chamorro; trajeron una copia de un palenque, y vieras qué bonita era. Bien bonita era. Un palenque mexicano, pero en pequeño.

¡Pasaste del béisbol a los gallos!

Me retiro del béisbol por los gallos. Comencé a jugar gallos totalmente. Se acaba de morir —hace como seis meses—, Rafael Valdivia, muy amigo de Troilo Sánchez y muy amigo de Oscar Larios. Peloterazo era también, era del equipo San Felipe y del Libertad. Ellos eran de Libertad, y yo jugué con el Libertad. Entonces, cuando pasaba por León, conseguía gallos con ellos.

Una vez Dionisio Cuadra se fue para los Estados Unidos y me trajo un par de gallos. Era tremendo amigo mío. Digo amigo, porque muchos favores me hizo. Entonces yo llevaba mis gallos de León para el ingenio San Antonio, porque allá, como te digo, se hacían jugadas cada mes y llegaban de El Viejo, León, Chinandega… era una jugada fuerte.

¿Dónde cuidabas tus gallos?

Allá, en la Colonia del ingenio comencé a cuidar mis gallitos. Entonces, teníamos un cuartito (porque allá nos daban donde vivir), cada quien tenía el suyo; eran cuartos pequeños, pero había lugar para cuidar los gallitos. Comencé a leer sobre gallos y a conocer a mucho cubano, venía mucho cubano gallero. Porque Cuba era de lo más grande en gallos, creo.

Miguel Vega y su hijo Jairo.
Miguel Vega y su hijo Jairo.

¿Quiénes eran esos cubanos?

Bueno, “Orestico”, Orestes Hernández, René Friol. Otro era tico, Edward Talavera, David Jiménez, Silvio Castellanos. Con esos anduve bastante cerca, y les encantaban los gallos.

Después de la Revolución Sandinista, vinieron aquí a trabajar muchos cubanos, a dar experiencia al país, yo estuve con varios. Iban a ese criadero del Estado en Jinotepe, del que yo hice las instalaciones; cuando vino la delegación cubana, me dijeron que iban a traer 36 gallinas.

—Sí —les dije— porque aquí no hay esa línea de gallos en el país. El país, hoy, es fuerte, hay gente millonaria jugando que importa gallos para jugar aquí.

Allí, en ese criadero del Estado, echamos peleas en el rancho Maruca; allí estuvieron muchas veces Enrique, “Yico”, y Fabio Sánchez.

Ramón Esteban Gutiérrez, era el jefe de EPARA y se fue a cortar café cuando ya estábamos con los pasaportes visados. Entonces, yo me fui para mi casa; eso fue en los años 1985 y 1986.

Todas esas instalaciones eran con el propósito de hacer un señor criadero de gallos en Nicaragua. De allí los cubanos se llevaron un gallinito lindo para Cuba.

Recuerdo de un muchacho gallero que venía de Cuba con los gallos; él trabajó un gallo, yo trabajé otro; había un pollón como de uno seis meses, y se había golpeado las patitas. Y los sacamos allí. “Démosle unos topetones, me dice”, y pa-pa-pá, cuando le vieron la calidad, se lo llevaron para Cuba.

Yo ya tenía mi criadero en el mar. Varios criaderos.

¿Dónde tenías tus criaderos?

En la segunda pedrera. También en Granada tuve otro criadero, del panteón para acá; allí compré una finquita a un muchacho llamado Salvador Gómez. Fue en Managua que me inicié profesionalmente en los gallos.

¿En qué año?

En 1972, cuando me fui del ingenio para Managua, habíamos agarrado un terreno, y allí sí, ya hice bonitas instalaciones y comencé a cuidar y a salir a jugar.

¿Eso fue en la carretera Norte, Miguel?

Sí, de la Sovipe 2 y media al lago. Con la experiencia ganada, gracias a Dios y a los gallos, comencé a cuidar con amor mis gallos, a jugar y a ganar, hermano, porque si no tenés amor para los gallos mejor no te metas… el amor al gallo es fundamental. La experiencia es vital y también hay que leer, la pasión y la observación; creo que eso, lo trae, nace, es nato en el gallero. Vos tenés eso, que hasta para castear, vos te parás en un criadero y decís: me gustan “este, y esta, véndame esta y este”, y sacás buen gallo. A lo mejor llegó otro gallero y esos gallos y gallinas no le gustaron, y le gusta otro y no hay semilla buena, no ligan allí.

La mejor experiencia que yo he tenido, fue en 1986. En esos años las jugadas eran fuertes, vos sabés que eran bien fuertes. Vos jugabas gallos igual que yo. Nosotros iniciamos las peleas de gallos de navaja pequeña aquí —en Chontales y Muy Muy—, Trinidad Cruz, “Patechicle”, Armando Zamora, Germán Zamora, “Tarantino”, Luis Pastor Robleto, Daniel Sacasa y yo. Y ciertos que se iban a Cuba, a Panamá o a Miami y traían sus docenas de gallos para penquearse con uno. Vos, Mario, trajiste mucho gallo fino del exterior en esos años.

Me fui con Max Úbeda para San José de Costa Rica a jugar gallos y los cubanos estaban brutales jugando. Esta finca me la gané allí con mis gallos. Les gané cinco gallos a los cubanos y perdí uno.

¿Qué dan los gallos, Miguel?

Hombreé, los gallos lo que más dan es una gran satisfacción. ¿Sabés cómo son los gallos, los pongo en mí? Como cuando vos estás criando tu familia y la vas cultivando, y vas viendo los frutos en tus hijos conforme van creciendo, y vos vas gozando por tu esfuerzo y trabajo. Cuando tus hijos llegan a realizarse, te sentís el hombre más feliz del mundo. Así se siente el gallero cuando su gallo ha llegado al mejor nivel, cuando sabés que con tus gallos vos podés competir en cualquier valla.

¿Quiénes son los contrincantes más duros, para vos, en los gallos hoy?

Ahora estoy de nuevo en los gallos, yo tenía cinco años de retiro, desde el día que vos viniste hace varios años, me había retirado, pero ahora estoy de nuevo. Fui un día a tu casa y vi tu gallería; vos tenés gallos y gallinas finas, ideales (como) para no traer gallos del exterior. En tu casa vos tenés gallo fino para cría, gallo fino de verdad. Hoy, para mí, hay galleros fuertes en Chontales, Estelí, Somoto, Ocotal, León y Chinandega; ahora, por donde vayas, hay gallos finos en Nicaragua.

Vos, ahora, te vas a una jugada y ves un gallero desconocido que anda gallo fino y te gana con calidad. De tu programa radial y de la Revista Gente de Gallos, los galleros han aprendido muchísimo de el arte del gallo de combate.

¿Hoy sabe más de gallos la gente en Nicaragua?

Sí, en gallo de navaja pequeña Nicaragua está muy adelantada. El país está del cielo a tierra en conocimiento, preparando en conocimiento, y el gallo está más, más fino, para armas (¿?) que todo el gallo que viene de afuera. Hoy es raro el gallo extranjero que triunfa aquí. La gente en estos diez años ha aprendido muchísimo. Miguel Vega y su hijo Jairo.

¿Cuál es el primer paso para seleccionar un gallo?

Eso es bien, bien largo también, no es cerca. Mirá, cuando vos ya tenés tu linaje de donde vos sacas tus gallos, bien criados y seleccionados; después que peleás tu gallo, lo dejás que se fortalezca por lo menos un mes. Ya cuando él agarra fortaleza, vos ya comenzás a observarlo y a seleccionar. Es en la valla donde vos seleccionás tu gallo; vos vas viendo si ataca bien, si defiende, si es inteligente, porque hay gallos brutos y torpes.

Miguel Vega pica sus gallos con la ayuda de su nieto.
Miguel Vega pica sus gallos con la ayuda de su nieto.

Pero todo lo anterior te lo da el buen cruce, Mario, el cruce es el que te entorpece o da inteligencia al gallo. Entonces, cuando ya ese gallo está bien seleccionado, lo apartás. Quizá el que no te dio el grado en ese momento, algo debe de tener… si es de buena calidad, si no, pues, ya sabés que ya no sirve y hay que eliminarlo, sopa. Entonces ya escoges tus gallos. Es lo que yo siempre hago, ahorita tengo doce gallos; a esos doce gallos, el viernes comienzo a “monearlos” para ver cuál es el que está en el punto para jugarse en el país, entonces ese es el gallo que se prepara.

Usted lo sabe muy bien, usted es igual que yo en esta cuestión de los gallos, lo que pasa es que a usted le gusta más el gallo de navaja larga. Y usted tiene generales de gallos de navaja larga.

¿Cuál es el proceso a seguir en el cuido?

Mirá, primero se desparasita, se limpia totalmente, se asea por encima, y después de esa prueba, comienzo a trabajarlo diez días después. Porque después que lo desparasitás, el siguiente día se coge tomate bien remaduro, y con unas gotas de limón y una rociadita de sal, porque el gallo no comió, para que todos los jugos gástricos los expulse, y la alimentación de cuido la asimile mejor. Porque ya, después de eso, usted le va a dar otra alimentación restringida, porque el gallo va a trabajar fuerte.

Nosotros, normalmente, lo trabajamos dos veces por semana, e intercalamos el entrenamiento. Supongamos que nos toca hoy, el gallo va a correr. Si el gallo ya está con todo eso que te digo atrás, ya usted lo puede correr diez minutos. Luego, lo frota con agüitas con todo lo que usted ya sabe, Mario, con ruda, con quina, o alcafor, y ra-ra-rá lo refresca. Lo refresca y le saca todo el calor que tiene, y le da su jugo, ya sea de naranja o de tomate, para que toda esa babita o flema le salga. Entonces, el otro trabajo podría ser una buena “moneada”. Pero ya usted va trepando el entrenamiento para llegar al límite de la pelea. Porque eso es lo que se quiere, que el gallo no se te caiga.

¿Cuánto cuido necesita un gallo para llegar a la pelea?

El gallo, con todo eso que te dije anteriormente, tiene que ser ocho semanas.

¿Mínimo?

Mínimo ocho semanas, a no ser que ese gallo no te dio el grado; hay algunos gallos que pueden dar el punto antes. Pero para un gallo nuevo, que llega por primera vez a cuido, tiene que ser mínimo ocho semanas.

¿Algunos gallos dan punto antes de tiempo?

Correcto, perfectamente. Cuando un gallo llega saludable y es de primera, supera a los otros.

¿Cuándo un gallo está listo para pelear?

Mira, sus patas tienen que estar fuertes, sus energías eléctricas, sus alas arriba, y que estén sus patas fuertes. Es bien fácil probarlo. Agárrate un gallo, que vos creás que está bien, volálo para arriba y déjalo caer, y vas a ver: si no está bien, las patitas le tiemblan. Y si el gallo está bien, él cae y casi no se mueve de donde cae.

¿Qué le recomendarías vos al nuevo gallero de Nicaragua, a los jóvenes que quieren aprender el deporte de los gallos?

Hombré, mirá: Nicaragua, en Centroamérica, es el país donde se juega más gallos. En primer lugar, como dicen los grandes castadores, cuando usted sea amante a la pluma y quiera sacar sus pollos, váyase donde un hombre de reconocida honradez, compre pollos chicos, y de allí espere sus padrotes, porque comprar un semental es carísimo.

Eso, es lo que les diría a los muchachos nuevos, que estimen a los animales, que no se vayan a la primera, que no los anden atropellando. Porque hay muchos galleros, no me digás que no, cuando ya están los pollos, apenas tienen seis meses, y están apurados; quieren verlo hecho gallo para toparlo, para verlo pelear, entonces lo destruyen. Yo les recomiendo a los jóvenes, y a viejos también, que lean Gente de Gallos para que aprendan más.

¿Cuál es la mejor edad para jugar un gallo?

Yo, ciertas veces, he cometido errores, porque vos sabés que te friegan. Hay amigos acelerados que te dicen: “ve, que ya están, que yo los juego de ocho meses, yo lo juego de nueve meses”. Usted sabe que el gallo de 18 meses es el que está completamente listo para pelear. Para prepararlo y para pelear. Se supone que cuando un gallo llega a 18 meses, ya está seleccionado. Porque te voy a decir una experiencia del doctor Castelo de España. —Doctor —le preguntan, mientras está peleando uno de sus gallos en España— dicen que usted estimula a sus gallos para… —No, responde, el estimulante de mi gallo viene desde que rompe el cascarón el pollo.

Ese es la brujería del gallo. Seleccionarlo desde el huevo. Y que tenga una crianza nítida, con todos sus programas de vacunación. Usted cosecha buen fruto con sus gallos, pero si andan volados comiendo cigarritas, de veinte le sirven dos. No está haciendo nada.

¿Qué se necesita para que un gallero sea exitoso?

Mirá, vos sabés Mario, que esto es —hablando del país—, hay gente de mucha plata que está metida en los gallos, unas grandes personas. Yo adoro a mis viejos amigos, como decir Ulises González, Ramón Kontorovsky; toda esa gente, a mí me ha apoyado, y me apoyó cuando anduve más en los gallos, ahora estoy de nuevo.

Para ser exitoso en los gallos, mirá; requiere un poco de cosas, Mario. Si no tenés amor al gallo, si te interesás más por el dinero que por el gallo, el gallo te castiga siempre. El gallo es algo especial, es de honor, y para hacer esto tenés que leer, ganar experiencia, tener conocimiento y amar a tu público y al gallo, sobre todo.

Eso para mí fue lo primordial cuando anduve por todo el país y fuera del país. Estimar a las personas, todas aquella personas que te dicen: “Mario, yo voy a tu gallo lo que necesités”, es que te quiere a vos. No es al gallo, porque al gallo no lo conocen, es a vos a quien tienen esa estimación.

Entonces, vos, como persona, tenés que tener esa estimación con tus amigos, respetarlos y estimarlos. Porque esta es la vida en los gallos, esto es como una familia. Así es el juego de gallo. Hay muchos amigos… eso si yo los respeté, yo nunca tuve ese abuso de echarle gallo a un amigo que me ayudó en mis andanzas de necesidad, de echarle un gallo; jamás.

Ni que supiera que se lo iba a ganar de una patada. No. Menos. Otros no, otros no tienen amigos en los gallos. Si te vieron allí que estas torcido, buscan cómo echarte gallo… Para mí, el juego de gallos es para amigos, es cosechar nuevas amistades.

A estos muchachos nuevos, hoy, yo deseara que se portaran decentes y respetaran a los viejos. Que de esos viejos, si alguno te vio a vos, o a mí, o a otros viejos jugando gallos, tal vez de nosotros les llegó el entusiasmo para meterse en los gallos. ¿quiénes son los que van a gozar de lo que dejemos? Tus hijos, esas son las cosas que le deja al país uno.

Nuestros descendientes que vienen para arriba, de los fulanos, de los de zutanos. ¿No es así?

¿Qué te han dado los gallos, Miguel?

¿Qué te puedo decir yo? Qué me dan… vos ves todo lo que me han dado a mí, yo era pobrecito. Yo no tuve preparación de ninguna clase, más que en gallos. Es decir, todo lo que vos ves aquí, en mi casa, ellos me lo dieron: crié a mis hijos, formé mis razas. Porque a mí me ha encantado hacer mis padrotes, mis gallinas. Después que me retiré, hace cinco años, ahora vengo probando mis gallos, y si me resultan, juego a mi tiempo.

Oíste lo que te dije, que un padrote vale mucho. ¿Cómo haría yo para comprarlo? Tengo conocimientos de gallos padrotes de treinta mil dólares; para tener un gallo de esa clase, yo no podría. Pero tengo amistades.

¿Cuál ha sido tu mejor gallo, el que tenés en la memoria siempre?

El gallo que ganó en tres jugadas de la Revista, los Sábados de Ramos, el gallo Amarillo, se acaba de morir, hace como dos meses murió.

¿Le sacaste hijos?

Pues claro, tengo 7/8 de él. Hembra y macho.

¿Cómo recordás esas tres peleas?

Fabulosas.

¿Cómo fueron?

La última, vos la viste, allí estabas. Primero, le ganó a un gallo de Eddy Lezama, traído de Miami, que se lo había vendido a Isidoro Parrales, a quien le dicen, “Forastero”, no me gusta decir sobrenombres, pero cuando uno no sabe el nombre…

Se lo compró a Eddy para echárselo al Jairo, en una jugada de la Revista. Lo jugó quince días después.

La última vez se lo ganamos a José Toledo, una gran persona, un gran gallero es él.

Él, me dice sentado a la par: “Veguita… traje doce gallos. Traía el mejor, yo pensaba que así iban a ser, porque ustedes preparan como yo —me dice—. Pero me lo mató de una patada”.

Y después, a los quince días, que hizo la jugada “Chalolín”, se agarró con el “Cubano”, y los penqueó el cubano Toledo. Antenor tenía un gallo que le había regalado Pepe Matus, lo había ganado como seis o siete veces, ¡carísimo! Pero allí, ese día, mi gallo lo destripó, pero salió bolo para donde él, y lo mató de una patada también. Ese fue el gallo que lo cortó bastante.

¿Si nacieras de nuevo volverías a ser gallero?

Hombré, yo he cogido cinco años para otro tipo de guía en la vida, ¿Me entendés? Tantos agradecimientos, con Dios, con mis amigos galleros, y para mí ir ahora a una gallera y agarrar un gallo va a ser difícil, porque para mí todos los que veo son amigos míos. Pero dejar de criar gallos nunca, hasta que Dios me lleve.

Articulo publicado en Diciembre del 2008