Inigualables en vigor y valentía: Gallos orientales combaten en Argentina


Vista parcial de una gallera argentina durante un torneo. Las peleas duran 1 hora.

Texto de
Ildefonso Fernández (*)
Desde Tucumán, Argentina
Especial para Gente de Gallos

Las riñas de gallos en la Argentina la introdujeron los colonizadores españoles y desde entonces, la noble tradición alcanzó niveles muy populares.

Con el advenimiento de la Independencia y a través de los distintos gobiernos democráticos y de facto, la suerte de las riñas atravesó vaivenes y avatares disímiles, de acuerdo a la idiosincrasia de los gobernantes.

Desde 1954, cuando ejercía la presidencia el General Juan Domingo Perón, la ley nacional 14.136 prohíbe específicamente las riñas de gallos en todo el territorio nacional.

Sin embargo, lejos de disminuir, la práctica de esta tradicional disciplina se ha ido incrementando y tres provincias han logrado sancionar en sus parlamentos locales el amparo jurisdiccional de dicho deporte. Son ellas: Misiones, en el litoral y las norteñas Tucumán y Santiago del Estero.

En todas las provincias de la República existen infinidad de cultores y criadores apasionados que combaten sus pupilos en la clandestinidad, realizándose torneos regionales y nacionales con el respaldo de la revista “Tradición Gallera”, que tengo el orgullo de haber fundado en septiembre de 1993 y que hoy, a 7 años de su origen, se conoce en toda América y algunos países de Europa.

El gallo oriental

Hasta el año 1967, en nuestro país se combatía el “Gallo Criollo”, un valeroso animal cruzado de aves puras asiáticas, importadas éstas de la India y Malasia. Era muy natural ver en acción a fornidos ejemplares malayoides, cruzas de Assil y Calcuta, que luchaban valerosamente sin ceder un tranco por más castigo que recibieran.


Un pollo cenizo argentino. Los gallos argentinos tienen un peso entre 5.5 y 7 libras.

A fines de la década del 60, se produjeron las primeras confrontaciones internacionales entre aficionados brasileños y argentinos, contiendas que tuvieron lugar en las fronterizas provincias de entre ríos y corrientes.

Allí se observó que el gallo brasileño ”fabricado” sobre la base del Shamo japonés con algún porcentaje de Assil  Old English Game (inglés), era muy superior al “Criollo” argentino. Su velocidad, altura y multiplicidad de recursos de lucha eran tales que los aficionados argentinos fueron reemplazando a su indómito “criollo” por el invencible brasileño. Hoy, en la Argentina, sólo se combaten estos ga-llos japoneses orientales.

Su peso standard oscila entre las 5,5 libras y las 7 libras y sus facultades más sobresalientes son la potencia, la belicosidad y la insuperable aptitud para la lucha.

Se los combate con puones roma de acero inoxidable y reglamentariamente las peleas duran una hora, con dos o tres baños de refrescos, según las regiones del país.

La presencia de aficionados brasileños y bolivianos en los torneos argentinos afianzan y jerarquizan estas reuniones deportivas y de camadería.